Aunque sea con retraso

Habían pasado treinta y un años desde aquella conversación en el puerto. Los cabellos de ambos lucían las primeras luces del otoño. Él dijo: “Perdona el daño que te hice”. Ella sonrió. El tiempo y la vida habían borrado las lágrimas. Aquello había sido una cosa de chiquillos. Alzando los hombros le contestó: “ Disculpas aceptadas, aunque sea con retraso”

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Bocanadas convulsas

De nada sirve quedarse
contemplando estelas
blancas en el cielo.
Su reguero de espuma gaseosa
trae solo olvidos atrasados,
y lágrimas morosas
a un interés leonino
¡Qué cara ha salido
la sal después de todo!
Parece que la vida se asfixia
perdida en un punto
desviado del espacio y el tiempo…
Otro trazo en el cielo.
La esperanza es tozuda,
más bien, estúpida.
Sin embargo entre bocanadas
convulsas, esa misma vida
reclama su parte.

Propósitos

Caminaré, porque la vida solo mira hacia adelante.
Caminaré, porque mis muertos me empujan desde sus
cenizas yertas. Porque me lo debo a mi misma,
a los años de camino que han conseguido
hacerme como soy ahora. Aún tengo fe y brillo en
los ojos. Me queda coraje. He dejado mi niñez,
mi adolescencia y parte de mi madurez entre la podredumbre
y las flores.
Me levantaré, porque aún hay música y canciones rebosando dentro de mi garganta.

Ya nadie se acuerda
de VÍCTOR JARA
ni de su novia
Amanda

Roxana Popelka

Yo sí.
Sus versos
nos acompañaban
entre el humo del “lucky”,
mi alergia
y copas de anís.
La vida, es eterna
en cinco minutos
y corta en veintiseís años.

-Vamos a jugar al piano.
La chica hizo un mohín coqueto. Él, grande y torpe balbuceó un “no sé” lleno de azoramiento
-A ver, hermoso, le contestó ella. Enseñé a uno de mis “ex” a bailar y me llenó el pie de pisotones. Como me pase eso contigo….
La respuesta fue una carcajada tan sonora como espontánea. Después tendió los brazos hacia ella y un, dos, tres, comenzó el baile.
-Ahora, dijo la muchacha al cabo de un buen rato. Me voy a convertir en la mano derecha, en la melodía. Pase lo que pase mírame a los ojos.
Al instante sus caderas cobraron vida, él, embobado seguía el ritmo como envuelto en una nube… Hasta que dio un traspiés.
-Tranquilo, hermoso, le dijo ella acariciándole la cabeza. Otro día aguantaremos más tiempo.

No me hace falta
convocar a la muerte;
muero muchas veces,
yo sola, o al menos
de vez en cuando la rozo.
No volveré a decirte,
madre,
que cortaré el hilo
que teje la parca.
No lo volveré a decir
aunque la boca se llene
de ácido y sal.
Ya conozco el linde
resbaladizo del camino
cuando no deseo nada,
cuando mis sueños se transforman
en entelequias,
cuando me desdoblo
y me desplomo en lo más profundo.
Pero no puedo dejarme caer
Tengo miedo, al igual
que la tía
Si, ya sé lo que es morir.
Mañana me pondré
los pendientes más pequeños
para volver a la vida