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Un camino sin llegada

El martes o el miércoles, no me acuerdo bien, escribí, después de cavilar el relato de mi vida. Empecé con palabras sencillas y después fue como jugar a deslizarse por una pendiente. Entonces volví a ser una niño, pero en vez de utilizar juguetes, usaba palabras, hasta que mi historia tomo forma. Cuando por fin recuperé la calma, tras haber estado tan arriba, como dicen por ahí, me di cuenta de que aquella gran obra era un paso más en un camino sin llegada, lleno de escalones: Dependía solo de mi que valiese la pena recorrer cada uno de ellos.

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Algo extemporáneo

“ Mientras vivas en mi casa harás lo que yo diga” Aquellas palabras sonaron como algo extemporáneo, Estaba claro que su madre se negaba a comprender que era ya mayor, que tenía derecho a crear su propia vida, sin por eso dejar de respetar y querer a los que vivían con ella. No tuvo más remedio que decir lo impensable “Hasta donde yo sé este piso también es mío”

Otra vida o la muerte

Después de entregar el dinero, una fortuna que su familia jamás volvería a tener, le dijeron que partirían dentro de cuatro lunas. Cuando llegó el momento, la playa a la luz del amanecer le pareció un lugar solitario y amenazador. Un escalofrío recorrió toda su espalda. En aquel momento fue por completo consciente de que en el mar le esperaban otra vida que podría ser mejor, o la muerte.

Bocanadas convulsas

De nada sirve quedarse
contemplando estelas
blancas en el cielo.
Su reguero de espuma gaseosa
trae solo olvidos atrasados,
y lágrimas morosas
a un interés leonino
¡Qué cara ha salido
la sal después de todo!
Parece que la vida se asfixia
perdida en un punto
desviado del espacio y el tiempo…
Otro trazo en el cielo.
La esperanza es tozuda,
más bien, estúpida.
Sin embargo entre bocanadas
convulsas, esa misma vida
reclama su parte.

Propósitos

Caminaré, porque la vida solo mira hacia adelante.
Caminaré, porque mis muertos me empujan desde sus
cenizas yertas. Porque me lo debo a mi misma,
a los años de camino que han conseguido
hacerme como soy ahora. Aún tengo fe y brillo en
los ojos. Me queda coraje. He dejado mi niñez,
mi adolescencia y parte de mi madurez entre la podredumbre
y las flores.
Me levantaré, porque aún hay música y canciones rebosando dentro de mi garganta.