Vamos a jugar al piano

-Vamos a jugar al piano.
La chica hizo un mohín coqueto. Él, grande y torpe balbuceó un “no sé” lleno de azoramiento
-A ver, hermoso, le contestó ella. Enseñé a uno de mis “ex” a bailar y me llenó el pie de pisotones. Como me pase eso contigo….
La respuesta fue una carcajada tan sonora como espontánea. Después tendió los brazos hacia ella y un, dos, tres, comenzó el baile.
-Ahora, dijo la muchacha al cabo de un buen rato. Me voy a convertir en la mano derecha, en la melodía. Pase lo que pase mírame a los ojos.
Al instante sus caderas cobraron vida, él, embobado seguía el ritmo como envuelto en una nube… Hasta que dio un traspiés.
-Tranquilo, hermoso, le dijo ella acariciándole la cabeza. Otro día aguantaremos más tiempo.

Promesa firme

No me hace falta
convocar a la muerte;
muero muchas veces,
yo sola, o al menos
de vez en cuando la rozo.
No volveré a decirte,
madre,
que cortaré el hilo
que teje la parca.
No lo volveré a decir
aunque la boca se llene
de ácido y sal.
Ya conozco el linde
resbaladizo del camino
cuando no deseo nada,
cuando mis sueños se transforman
en entelequias,
cuando me desdoblo
y me desplomo en lo más profundo.
Pero no puedo dejarme caer
Tengo miedo, al igual
que la tía
Si, ya sé lo que es morir.
Mañana me pondré
los pendientes más pequeños
para volver a la vida