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Algo extemporáneo

“ Mientras vivas en mi casa harás lo que yo diga” Aquellas palabras sonaron como algo extemporáneo, Estaba claro que su madre se negaba a comprender que era ya mayor, que tenía derecho a crear su propia vida, sin por eso dejar de respetar y querer a los que vivían con ella. No tuvo más remedio que decir lo impensable “Hasta donde yo sé este piso también es mío”

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Otra vida o la muerte

Después de entregar el dinero, una fortuna que su familia jamás volvería a tener, le dijeron que partirían dentro de cuatro lunas. Cuando llegó el momento, la playa a la luz del amanecer le pareció un lugar solitario y amenazador. Un escalofrío recorrió toda su espalda. En aquel momento fue por completo consciente de que en el mar le esperaban otra vida que podría ser mejor, o la muerte.

Bocanadas convulsas

De nada sirve quedarse
contemplando estelas
blancas en el cielo.
Su reguero de espuma gaseosa
trae solo olvidos atrasados,
y lágrimas morosas
a un interés leonino
¡Qué cara ha salido
la sal después de todo!
Parece que la vida se asfixia
perdida en un punto
desviado del espacio y el tiempo…
Otro trazo en el cielo.
La esperanza es tozuda,
más bien, estúpida.
Sin embargo entre bocanadas
convulsas, esa misma vida
reclama su parte.

Propósitos

Caminaré, porque la vida solo mira hacia adelante.
Caminaré, porque mis muertos me empujan desde sus
cenizas yertas. Porque me lo debo a mi misma,
a los años de camino que han conseguido
hacerme como soy ahora. Aún tengo fe y brillo en
los ojos. Me queda coraje. He dejado mi niñez,
mi adolescencia y parte de mi madurez entre la podredumbre
y las flores.
Me levantaré, porque aún hay música y canciones rebosando dentro de mi garganta.

Vamos a jugar al piano

-Vamos a jugar al piano.
La chica hizo un mohín coqueto. Él, grande y torpe balbuceó un “no sé” lleno de azoramiento
-A ver, hermoso, le contestó ella. Enseñé a uno de mis “ex” a bailar y me llenó el pie de pisotones. Como me pase eso contigo….
La respuesta fue una carcajada tan sonora como espontánea. Después tendió los brazos hacia ella y un, dos, tres, comenzó el baile.
-Ahora, dijo la muchacha al cabo de un buen rato. Me voy a convertir en la mano derecha, en la melodía. Pase lo que pase mírame a los ojos.
Al instante sus caderas cobraron vida, él, embobado seguía el ritmo como envuelto en una nube… Hasta que dio un traspiés.
-Tranquilo, hermoso, le dijo ella acariciándole la cabeza. Otro día aguantaremos más tiempo.