Entre las sábanas

El tiempo no es generoso.
El reloj, con avaricia,
nos va arrancando
cada minuto de nuestros días.
Corre, vuela. El segundero
se nos desvanece entre los dedos.
Y al final el vacío
se nos cuela entre las sábanas.

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Bocanadas convulsas

De nada sirve quedarse
contemplando estelas
blancas en el cielo.
Su reguero de espuma gaseosa
trae solo olvidos atrasados,
y lágrimas morosas
a un interés leonino
¡Qué cara ha salido
la sal después de todo!
Parece que la vida se asfixia
perdida en un punto
desviado del espacio y el tiempo…
Otro trazo en el cielo.
La esperanza es tozuda,
más bien, estúpida.
Sin embargo entre bocanadas
convulsas, esa misma vida
reclama su parte.

“Qués” vacíos

A “qués” vacíos,
a “resistiendo” huecos
con resonancia grave y sonora
los zorros tenemos miedo.
Tenemos miedo además
a que la vejez llegue
lenta y al mismo tiempo
de repente.
Hacemos caminos, pero
somos incapaces
de encontrar una meta
entre túnel y túnel.
Somos demasiado jóvenes
aún para vegetar,
aunque nuestros hijos
vivan con nosotros en el asilo.