Bocanadas convulsas

De nada sirve quedarse
contemplando estelas
blancas en el cielo.
Su reguero de espuma gaseosa
trae solo olvidos atrasados,
y lágrimas morosas
a un interés leonino
¡Qué cara ha salido
la sal después de todo!
Parece que la vida se asfixia
perdida en un punto
desviado del espacio y el tiempo…
Otro trazo en el cielo.
La esperanza es tozuda,
más bien, estúpida.
Sin embargo entre bocanadas
convulsas, esa misma vida
reclama su parte.

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El avance del desierto

Cuando veo la montaña de polvo al otro lado del cristal, siento

deslizarse el hastío lento, silencioso como la nieve, Tengo miedo a

morirme antes de tiempo.Mi corazón está a cero grados. A esta temperatura

mal pueden vivir abejas y flores. Tiendo la mano buscando un rayo de sol,

que impida el avance de este desierto.

“Qués” vacíos

A “qués” vacíos,
a “resistiendo” huecos
con resonancia grave y sonora
los zorros tenemos miedo.
Tenemos miedo además
a que la vejez llegue
lenta y al mismo tiempo
de repente.
Hacemos caminos, pero
somos incapaces
de encontrar una meta
entre túnel y túnel.
Somos demasiado jóvenes
aún para vegetar,
aunque nuestros hijos
vivan con nosotros en el asilo.