Vamos a jugar al piano

-Vamos a jugar al piano.
La chica hizo un mohín coqueto. Él, grande y torpe balbuceó un “no sé” lleno de azoramiento
-A ver, hermoso, le contestó ella. Enseñé a uno de mis “ex” a bailar y me llenó el pie de pisotones. Como me pase eso contigo….
La respuesta fue una carcajada tan sonora como espontánea. Después tendió los brazos hacia ella y un, dos, tres, comenzó el baile.
-Ahora, dijo la muchacha al cabo de un buen rato. Me voy a convertir en la mano derecha, en la melodía. Pase lo que pase mírame a los ojos.
Al instante sus caderas cobraron vida, él, embobado seguía el ritmo como envuelto en una nube… Hasta que dio un traspiés.
-Tranquilo, hermoso, le dijo ella acariciándole la cabeza. Otro día aguantaremos más tiempo.

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La mirada de los hombres

cropped-dscn1057.jpgRío silente. Los hornos
están escondidos bajo la brisa.
Ladran los perros.
El gorjeo de los pájaros
se ha trasformado en un triste
trino. El canto del gallo
ha olvidado la hora.

Las gaviotas traen su grito
desde el mar. Por fin escucho sonidos
que no ruido. Hasta los coches cantan
canciones a ritmo de embrague. Llueven
hojas que no cumplirán
otoño. Río silente.
Ventiladores y hornos.
Aquí, no temo
la mirada de los hombres.