El sillón

Miró el reloj. Las once y cuarto. La puerta estaba aún cerrada. Dejó el libro y se puso a pasear por la estancia… Nada. Irritado se sentó y dejó que sus pensamientos vagasen. Cuando por fin la puerta se abrió, el miedo se desbocó por sus venas. El sillón del dentista lo esperaba ya inexorable.

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