EL EXAMEN

El examen parecía dificil, el alumno agachó la cabeza en un intento de concentrarse, era inútil, su mente estaba en blanco. El tiempo pasaba. Los números corrían en la pantalla del móvil. En un momento de desesperación pensó: “Ojalá no estuviera aquí”. De pronto el aula se diluyó. En su lugar apareció un paisaje desconocido para él. Se trataba de un bosque poblado de árboles de hoja perenne. Por los olores el chico dedujo que debía de ser primavera. Desconcertado por este descubrimiento, echó a andar. Al cabo de un tiempo, los árboles dieron paso a las praderas hasta que por fin encontró un lugar habitado por el hombre. Por su tamaño parecía una ciudad formaba por cúpulas. Lleno de curiosidad intentó acercarse, pero algo se lo impedía. En pocos segundos la clase volvió a aparecer ante sus ojos, pero esta vez él se encontraba viéndola desde el suelo, rodeado por sus compañeros. El profesor en cuclillas lo observaba con alivio, mezclado con unas gotas de preocupación.
– Menos mal que recuperas el sentido. Menudo sustos nos has dado. Te has tenido que dar un buen golpe en la cabeza ¿Te duele?
El muchacho cerró los ojos
– Si, ahí atrás, dijo señalando por detrás de su cráneo
– ¿Estás mareado?
El chico negó
-No. Puedo seguir.
El profesor consideró a su pupilo durante unos segundos. El chaval parecía estar bien. No estaba pálido ni desorientado
-Está bien arriba, y que sea la última vez que vienes a un examen sin desayunar.

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Paisaje lagrimoso de inquietud eterna
Que a la vez, se destruye y se forma;
Se convierte en vértigo, nausea
En cristal malva que se rompe
con estrépito en el atardecer
llama y verde,

¡Oh, ansiedad deprimente¡

Cólicos de obsesión hiriente
Doblegan mi cuerpo
Golpeado por tus rayos.

Tu, paisaje de desazón viscosa,
terciopelo fino y duro,
envuelves mi ser todo tenso
En un halo brumoso y gélido.