Dejo caer la oscuridad
sobre mi cabeza
y la convierto en una pantalla
en blanco. En un momento
queda proyectado
el laberinto de túneles
que voy atravesando
a una velocidad infinita.
Para viajar, no hace falta
echarse una maleta al hombro
en busca de grandes distancias
Eso es para refrescar los ojos.

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Centrarme, centrarme;
centrarme.
en medio de la noche,
a través de la oscuridad,
para que los lobos
no me devoren.
Para poder encontrar
esas migas de pan
a pesar de las tinieblas

La puerta se abrió y la calle surgió ante sus caras oscura, con un negror que contrastaba a doler con la estancia iluminada por unas enormes lámparas que desentonaban de forma escandalosa con el entorno.Las mujeres recularon en medio de exclamaciones como “¡tengo miedo!”… “¡Ay madre, no salgo ni loca”. Los hombres, en un alarde de fanfarronería, se burlaban de ellas, hasta que Luisa la de los paraguas, de rápida reacción como de lengua, se encaró con ellos.
-¡Andad, salid valientes!
Y la calle se asomó de nuevo con su alumbrado enmudecido. Los aludidos atravesaron el umbral casi en tropel, empujándose unos a otros, ante la risa esta vez de las féminas. Al cabo de unos minutos, los héroes volvían a hacer el mismo recorrido, pero a la inversa
-¿Qué? Les preguntaron ellas entre carcajadas.
El más valiente reconoció.
-¡Me cago en la… Qué acojone!