VINO CON CENIZAS

Me olvidé de tu puerta,
aunque la noche que compartimos,
me asalta antes del canto
del despertador como
un enemigo inesperado,
que se agazapa
entre las sombras.
Hoy, recorro aquel camino
que tenía pendiente,
aquel que no quise mirar de frente
,-lo reconozco-,
por pereza y por miedo.
Durante el recorrido,
mis labios se van quedando sellados,
lo conocido, se desgaja
congelado tras un cristal.
Sin embargo, a pesar de mis piernas
de plomo, sé que al final
beberé vino con cenizas.

Señor de las canciones

Si me preguntan la edad,
me muero de miedo.
Caminando, caminando
yo, perdí las hojas verdes.
Veo hoy alguna de ellas,
amarillas, pisoteadas….
Si a mí me preguntan
por los kilómetros
de mi recorrido,
el vértigo se hace estola
de visón y rompe
mi voz en pedazos.
Me paraliza las manos.

Pero dime, Señor de las canciones
¿Por qué no se oye tu canto
entre las ramas? ¿Por qué
ha enmudecido la noche

Si me preguntan
¡Ay! Si me preguntan.
Se me atascan las respuestas.

A pie de corriente

Estoy aquí, es verdad.
La gente me reconoce;
un cielo azul se adhiere
a mis ojos.

Me rio, es verdad.
Me cuesta trabajo.
Algunas veces la luz
se va, todo queda a oscuras
Entonces me invade el pánico.
El presente y el futuro
se asemejan a una noche
donde el aire puede ser
irrespirable.

Canto. Es cierto.
Oigo mi voz deslizarse
por las notas y crear
meandros donde hay escollos
sólo en apariencia.

La brisa marina, abre
los respiraderos, rompe
los muros en mil pedazos.
Azules y verdes,
hasta ahora ignorados
llenan el espacio.

Los barrotes de la jaula
no se rompen, se disuelven.
Los pájaros de colores,
llenan el aire. Recuerdo:
las hojas me esperan
en el río.

Mi corazón late.
Es algo cierto, palpable.
Su palpitar se hace eco
en mis costillas. Recuerdo:
las hojas me esperan
a pie de corriente.