… Después de San Valentín

A
Parece mentira
que aún sigamos queriendo
imitar a Peter Pan
Hasta pasados los cincuenta.
El día que nos decidamos a crecer
no tendremos escaleras suficientes
por donde arrojarnos.

B
La lluvia cae
con hueco tamborileo.
Continuo, abundante.
Acompaña sus lágrimas.

C
Los días de amor y alegría
obligatorios pesan como losas.
El vicio de la tristeza
se puede convertir en una tentación peligrosa

D
Cuando los mires con naturalidad
se acercarán
(Si quieren)

Morbo versus naturalidad

Bruselas. Barrio de emigrantes. Allí vivimos gente de toda nacionalidad y color. Mis padres nos envían a mi hermana Carmen y a mí, al colegio de Sainte Cathérine, regentado por unas monjas, que además de ser docentes, son misioneras. A pesar de ser creyentes ellos nos envían allí porque el centro se encuentra a dos manzanas de nuestro barrio. De esta forma se ahorran dinero en transporte público y comedor. Nuestra rutina es siempre la misma. A las siete nos levantamos, desayunamos. Después Carmen y yo nos vamos al colegio. Mi padre toma el autobús para ir a su trabajo. Esa línea es un auténtico babel que transporta italianos, españoles, marroquies… Las clases empiezan a las ocho y media, y terminan a las cuatro o a las cinco, dependiendo del día. Cada tarde vuelvo a casa acompañado por mi grupo de amigos: dos hermanos, Rafael y Juan. Sus padres son andaluces. En su pueblo granadino, la tierra ya no daba para nadie. Después está Miguel, pequeño, listo, vivaracho Su familia es de Santander; por útlimo dos chicos belgas: Lucien y Mathieu, hermanos, pelirrojos.. Los dos son nuevos en el colegio. Más bien aterrizaron allí. Sus padres, los propietarios de la carnicería, los sacaron de un centro público. Pensaban que allí la disciplina era más bien relajada para unos revoltosos redomados como ellos. Desde un primer momento se sienten atraídos por el grupo alborotador de los españoles. Les divierte nuestro acento.oirnos “rouler” hacer rodar, para entendernos, las erres o decir “gui” en vez de pronunciarlo con un diptongo.
Por nuestra parte nosotros, tampoco nos quedamos cortos a la hora de pagarles con la misma moneda. A propuesta de Miguel les pedimos que digan “ojos rojos”. La jota se les atraganta a la primera de cambio. Todos reimos como locos. Mathieu y Lucien los primeros. Con alguien así da gusto. Los adoptamos enseguida. Cada tarde la cuadrilla hispono-belga llena de bullicio unas calles que van quedando desiertas. A las siete la ciudad se transforma en una cueva oscura.

Un mundo nuevo
Cuando éramos pequeños nos imaginábamos que había brujas y fantasmas en cada esquina. Más adelante nos dedicábamos a observar a las parejas que volvían del baile. Era un mundo nuevo lleno de contactos e insinuaciones que nos atraía al tiempo que nos asustaba. Más de una vez nuestra madre intentó apartarnos de la ventana. Inútil. En cuanto se daba la vuelta nos las arreglábamos para abrirla de nuevo o salir con cualquier excusa

Lo que se ve no tienta
Un día en el colegio tuvo lugar un hecho, que más adelante influiría en mi modo de ver las cosas. Aquella mañana los profesores nos anunciaron que a última hora iban a proyectar una película. Al principio acogimos la noticia con entusiasmo pero cuando nos dimos cuenta que trataba de misioneros nos llevamos una buena decepción. Alguien incluso dejó escapar un bufido involuntario. La hermana Gabrielle, con su voz cascada de vieja gruñona, nos dijo que no sólo había que entretenerse con frivolidades, convenía ver también acciones edificantes.
Las luces se apagaron y nosotros, resignados, nos dispusimos a aguantar lo que viniese. La pantalla mostró un poblado africano. La alegría se mezclaba con la pobreza y la acción de los misioneros. Hacia la mitad de la proyección llegó una escena donde aparecía un grupo de mujeres bailando con el torso desnudo. La vista directa de aquellos senos no me afectó, y puedo decir que al resto de los niños tampoco. Aquello sentó las bases de algo que aprendería después: Lo que se ve no tienta, es lo que se esconde lo que produce el efecto llamada para acercarnos a lo desconocido o prohibido.
En ese momento desde la fila que estaba justo detrás de mí salió un grito indignado. Marie-Pierre, una de las catequistas, se levantó en medio de la sala a oscuras, con los ojos encendidos. Nunca olvidaré su forma de gritar. Lo hacía con todas sus fuerzas: Aquello era inmoral, una vergüenza, Los niños….
Lo que resultó chocante fue el hecho de que los religiosos (monjas y curas) tomasen esas imágenes como algo natural, en lugar de hacerlo una joven seglar soltera. La madre Angelique mandó apagar el proyector, y ordenó que los alumnos saliésemos antes..No nos hicimos repetir la orden dos veces. Mientras caminábamos por los pasillos, contentos de haber arañado unos minutos antes nos pusimos a comentar lo ocurrido. Sor Michèle, con su buen sentido se acercó a nosotros y abordó el tema de forma directa y sin tapujos.
⚊ Veo que no os ha asustado los que acabáis de ver. Nuestra querida Marie-Pierre tendría que aprender de vosotros.
Sorprendidos, quedamos callados mirándola ¿Qué nos iba a decir?
一Veréis. En todas las partes del mundo no se hace igual que nosotros. Por nuestra religión por recato las mujeres tenemos esa parte del cuerpo tapada, pero en Africa no. El clima no les permite ponerse mucha ropa. Por lo que es normal que los senos estén al descubierto.
一¿Los senos son las tetas hermana? Preguntó un despistado.
Los demás lo mandamos callar entre siseos, pero la hermana no dio señal de incomodidad o de turbación.
一Pues si, Jean-Louis. Al principio, supongo que cada una es un mundo, nos sorprendemos al verlos crecer pero con el tiempo aprendemos a aceptarlos como parte de nuestra feminidad.
一¿Entonces por qué se enfadó tanto Marie- Pierre? pregunté yo.
La monja asintió con la cabeza y replicó
一Buena pregunta Juan ¡Ay Dios mío qué difíciles son de pronunciar vuestros nombres! Por nuestra religión, nuestra cultura, nuestro clima las mujeres europeas no los llevamos al descubierto. Se nos enseña lo que es el pudor. En África la visión de la vida es distinta. Para esas mujeres que no creen en Dios nuestros señor y tienen un clima más cálido que el nuestro, llevar los pechos al aire es lo más natural del mundo. Cuando las visteis bailando en la película así con ellos al aire, no lo hacían por exhibirse de forma obscena para provocar un deseo, lo hacían para celebrar la vida, con la misma naturalidad que lo haríamos nosotros, aquí en Europa, a nuestra manera.
Entonces no fui capaz de comprender el alcance de aquellas palabras, de manera que disimulando lo mejor que pude mi fastidio, dije.
一Si, hermana lo entiendo (verdad bastante a medias) pero ¿ lo de Marie- Pierre?
一¿Lo de Marie-Pierre, qué? ¡Ah, sí, claro, perdona! Marie-Pierre es una chica de buena voluntad, a la que espero que hagáis caso. Viene de una familia muy religiosa pero le falta comprender la diferencia entre obscenidad y la visión natural de un cuerpo humano. En fin, que lo que quiero decir, niños, que hay que ser naturales, que hay que aceptar al cuerpo como lo más normal del mundo. Ahora, si me perdonáis, tengo que dejaros. Nos toca capilla.
Nos dispersamos y dejamos en el olvido aquellas sensatas palabras. Mientras caminábamos en dirección a casa, Rafael me hizo este comentario jocoso con un guiño.
一A ezaa, a las africanaz, zi laz ve mi abuela, laz manda a fregá.

<strong Significado de la diferencia entre lo obsceno y lo natural
Sin embargo al domingo siguiente, iba a tener ocasión de comprender aquella diferencia que más adelante marcaría las pautas de conducta en mi vida sentimental. A eso de la media tarde decidimos dedicarnos a nuestro pasatiempo favorito. Mi hermana que ya iniciaba los cambios de la pubertad no nos secundaba. Los granadinos y Miguel vinieron a buscarme a casa. Antes de salir nos espetó
一Sois unos aprovechados.
Pero para nosotros observar lo que hacían lo que un chico y una chica hacían en los rincones oscuros era… cuando menos divertido. La mayoría de las veces, si nos pillaban los chicos se limitaban a echarnos con “un me cago en la m… que os pa…” Pero aquella tarde con Nicolás el gallego, fue distinto. Aquel chico escurridizo y vivaracho, con una mala leche tremenda, tenía bastante cartel entre las chicas. Belgas o españolas, las menos por no ser tan lanzadas, daba lo mismo. Todos los domingos cambiaba de chica como quien cambiaba de chaqueta. Aquella tarde tenía entre manos una chica belga. No la conocíamos; parecía ilusionada con él. La ilusa, dijimos. Vimos cómo él le iba metiendo las manos por debajo del jersey en dirección ascendente. Ella no se mostraba tímida, pero tampoco tan desinhibida como las otras. Cuando Nico acabó de levantarle el jersey, ella lo miró con una mezcla de apremio y vulnerabilidad. Él se detuvo un momento y le devolvió la mirada, con una expresión que parecía querer ser de asombro. Después. empezó a acariciarle los senos con una delicadeza y suavidad que nunca le habíamos visto con las otras.
Fue algo extraño. Incluso mágico. Las palabras de sor Gabrielle adquirieron de pronto todo su sentido. Al ver la reacción de la chica ante las caricias, comprendí que allí no había morbo. Había algo más. Y otra cosa igual de importante. Naturalidad. Nico y la muchacha parecían encajar el uno con el otro. Yo, empecé a preguntarme si no estaríamos haciendo el tonto. Entonces el metepatas de Miguel exclamó.
一¡Jó qué tetas tan pequeñas!
Sentí ganas de darle una colleja. La pareja interrumpió su juego. En un acto reflejo la acompañante de Nico se bajó el jersey, apartó la mirada, lanzando un grito ahogado. Nuestro compatriota, en vez de perseguirnos, echando pestes como en otras ocasiones, cogió por el talle a la chica y nos crucificó con la mirada. Luego antes de que pudiésemos reaccionar cogió una piedra que encontró, con la intención de lanzarla contra nosotros.
-Non, arrête je t’en prie Ce n’est que des gamins! exclamó ella, sujetándole el brazo. On y va. Vamosss, pog favog.
Pero Nico no cedía. Avanzó unos pasos más furibundo; La muchacha insistió sacudiéndole con suavidad la mano
一¡Pog favog!
Él volvió la cabeza hacia ella y la miró largamente, con ternura. El resto de la panda aprovechó la ocasión para escapar corriendo. Yo, me quedé quieto, sin reaccionar, viendo al gallego acariciarle la barbilla a aquella desconocida. Luego avanzó hacia mí, con una expresión fiera en los ojos y dijo.
一Ahora ¿qué? Te han dejado solo
Prometo que en ese instante empezaron a temblarme las piernas. Sin embargo por orgullo, cabezonería, estupidez, quien sabe, le sostuve la mirada, dispuesto a soportar el guantazo no sé si como un hombre o un idiota. Lo importante es que eso tuvo la virtud de tranquilizar de manera definitiva a Nico.
一Tienes lo que hay que tener, chaval, me dijo. En su voz percibí un atisbo de respeto. Venga, largo y que no os coja mirando lo que no os importa, o juro que os arranco la cabeza.

Nota del autor. ¡No, para por favor no son más que unos críos!