Aunque sea con retraso

Habían pasado treinta y un años desde aquella conversación en el puerto. Los cabellos de ambos lucían las primeras luces del otoño. Él dijo: “Perdona el daño que te hice”. Ella sonrió. El tiempo y la vida habían borrado las lágrimas. Aquello había sido una cosa de chiquillos. Alzando los hombros le contestó: “ Disculpas aceptadas, aunque sea con retraso”

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PERDIDO ENTRE CONOCIDOS

Las luces se encendieron. La fiesta empezaba a animarse. El se sentía exiliado de sus amigos, perdido entre conocidos. Cuando empezaba a sentir un nudo en la garganta y se disponía a volver a casa para lamerse las heridas, sonó el teléfono. La conversación no duró más de cinco minutos, sin embargo estaba satisfecho: había obtenido una respuesta.