Tocando fondo

Nunca tuvo vocación de Cuggart. Los jovencitos nunca fueron para ella . Y a estas alturas de la vida no iba a ser la primera vez. Lo que le ocurría le costaba explicárselo. Desde el punto de vista físico el interesado resultaba menudo y tosco. Lo único que se salvaba era su cara, y sin ser una cosa extraordinaria; algunas veces aquel rostro tenía una expresión fría, que a veces rayaba en lo desagradable. La única razón plausible. Era que veía, o creía ver en él algo de su propia juventud. Siempre estaba subido a una bicicleta, como ella a su edad. Alguna amiga le había dicho más de una vez que iba a coger “complejo de Gorospe”. El caso es que muchas veces, cuando el trabajo saturaba su cabeza, la echaba de menos. Esa sensación de espacio, de libertad y de cansancio sanos eran para ella mejor remedio que una tisana. Sin embargo su situación vital no le permitía detenerse en sentimentalismos. El pueblo poco o nada tenía que ofrecerle como diversión. La solución de la ciudad no era tampoco para bailar sevillanas. Discoteca para mediana edad. Desde el punto de vista cronológico, ella coincidía, pero significaba caer en algo que no deseaba. Un baile de desguace, aunque los allegados le aconsejaban no cerrar puertas antes de abrirlas, la perspectiva la hacía sentir como un artículo de segunda. Y además la sola idea de que él pudiese considerarlo lógico, la mortificaba, lo que hacía que el hecho de admitir esa atracción que experimentaba la llevase a sentirse sucia. La mujer sacudió la cabeza con auténtico disgusto Sí, no cabía la menor duda. Había llegado el momento de averiguar si había tocado fondo.

Anuncios

ANIMUS POST CABALGATAM III

EL HUERTO
Los mejores recuerdos de infancia y de juventud están unidos a los veranos en el pueblo de mi madre, una pequeña localidad con casas de adobe, rodeada de bosques de encinas, situada en pleno corazón de la meseta. Allí mis hermanos, mis primos yo gozamos de una libertad que en la gran ciudad resultaba imposible. Nos juntábamos con los chiquillos del pueblo y nos pasábamos todo el día jugando en la calle o explorando los alrededores. Años después, terminamos formando una pandilla ruidosa y alegre que se daba las grandes caminatas hasta la parada del autobús para irse de juerga, y que participaba en las fiestas locales, animando a los chicos en los juegos rituales donde se competía con los muchachos del pueblo vecino.
Los festejos tenían lugar a mediados de julio, y puedo decir expresaban la tradición en su forma más pura. No había moza que en el primera mañana no amaneciese con un ramo de flores en el balcón. Incluso un año, en el verano de mis dieciséis años si mal no lo recuerdo, hubo algún atrevido que llegó a arrancar el portón de una finca, para llevarla a rastras hasta la casa de la chica de sus pensamientos. En la tarde del segundo día, mi tía se ponía afónica de tanto animar los competidores locales. Todavía la estoy viendo exclamando
-!Anda¡ !anda¡ ¡qué bonito! ¡Los nuestros son los mejores ! Los de …. no van a conseguir ninguna.
Un maravilloso conjunto de costumbres ancestrales, donde la mujer era el centro de atención, pero que escondía una cara oscura, que en aquel verano, con mis dieciocho años, mis primas, mis hermanas y yo no íbamos a tardar en descubrir.
Puta la madre, puta la hija. Puta la manta que las cobija.. Cuando se lo oíamos decir a mi padre, nos subíamos, como se dice por las paredes. Sin embargo hasta entonces ninguna de nosotras había sido capaz de calibrar hasta qué punto esas palabras mantenían aún su vigencia. Los de la casa de María la roja, tenían una hija, Blanca. Nunca la conocí en persona: por lo que contaban mi madre y mi tía, era una de las muchachas más solicitadas del pueblo. Luego,se hizo novia de Tomás, el chato. Un buen mozo, a pesar del apodo familiar. Moreno, ojos verdes. Tomás era en cierto modo, algo pariente nuestro, por parte de mi abuelo. Por culpa de esto oí contar la historia cientos de veces. La relación de la de los de la Roja y el Chato duró dos años. La gente hablaba de boda, pero de pronto, un buen día, Tomás se marchó a Suiza sin dar explicaciones.
Blanca se llevó un buen susto, con el añadido de un hijo que venía en camino. Desde entonces la vida en el pueblo se le hizo imposible. De modo que se armó de valor, cogió un autobús y se marchó a Madrid a casa de unos primos por parte de su madre.
En Arcedilla se tuvieron pocas noticias de ella. Que había tenido una niña y había entrado en una casa a servir, que se iba defendiendo. Después el asunto se enfrió, y así estaban las cosas, cuando al poco de llegar nosotros de Madrid, se corrió la noticia de que la “nieta pródiga” como les daba por llamarla a las lenguas socarronas, venía a conocer a sus abuelos y a sus primos. El día de la llegada, todo el pueblo se congregó en la parada del autobús, movido por la curiosidad. La chica, según los comentarios tenía la mezcla de sus padres. Del Tomás había heredado los ojos verdes, grandes, vivos. De la Blanca decían algunos con alguna mirada algo torcida, la figura, espigada, flexible, si bien era algo más alta. Su pelo en cambio, no ,era una mezcla debida a la aportación genética de nuestros parientes. Un castaño rojizo que realzaba una tez pálida, tachonada por unas pecas que adornaban sobre todo su cara. Aquel aspecto simpático, nos gustó. Daba la sensación de un carácter explosivo y sociable. También independiente. Antes de que los avispados que se percataron de sus encantos, pusieran las manos en su equipaje, ella cogió su mochila y su bolsa de viaje y se dirigió a sus abuelos.
Se vieron muchos codazos que hicieron pensar que sería tan cortejada como su madre, pero otros vieron en aquellos gestos un signo de mal agüero.
– ¡Ay! Tanta amabilidad y tanta manera esconden espinas.
Mi prima Luisa y yo miramos a quien pronunció aquellas palabras con una expresión de burlona sorpresa. Sin embarg0 aquellas palabras resultaron proféticas.

Magdalena, simpatizó con nosotras y nuestros primos. Su manera de ser, comunicativa y espontánea, le granjeó las antipatías de algunas envidiosas tanto dentro de nuestra pandilla como fuera de ella. Las pocas personas que pudimos conocerla algo más de cerca, descubrimos a una aficionada entusiasta a la biología,a la física nuclear y a la fotografía. Le gustaba marcharse por la mañana temprano a hacer instantáneas de animales y del paisaje. Alucinante, según sus palabras. En Madrid no tenemos tanto espacio abierto.
Los problemas se presentaron de forma definitiva el fin de semana anterior a las fiestas. Aunque ya había algún que otro barrunto, no pasaban de ser pequeños incidentes que se resolvían con una contestación rápida. Pero lo que pasó aquella vez durante la fresca, nos fue demostrando la certeza de aquellas palabras que habíamos escuchado el día que ella llegó. Toda la pandilla se había reunido en el bar de Mundo. Empezamos la tarde como siempre.Tras los saludos de rigor, ocupamos nuestra mesa en el fondo del patio, bajo la parra. Todo iba trascurriendo con normalidad, nuestras cervezas, los pinchos, las patatas fritas…. hasta que Álvaro, el hijo de Pedro el Albo intentó coger a Magdalena de la mano y besarla, de una forma que, por decirlo con suavidad, era bastante desconsiderada.
-Anda ya, tío ¿Pero qué haces? le dijo ella apartando la cara y la mano
Todos levantamos la cabeza sorprendidos. Álvaro inclinó el cuerpo hacia delante y le espetó a Magdalena, casi en la cara
-Pero ¿a ti que te pasa? Seguro que tu madre no fue tan estrecha ¿Por qué vas a ser tú distinta?
-¿Cómo dices?
Se inició una discusión violenta. Los demás chicos empezaron a jalear a Álvaro. Yo no pude contenerme más y les grité
-¿Estáis bien a vosotros qué os pasa? -dirigiéndome al chico añadí- ¿Puede saberse qué pinta aquí su madre? No le interesas tú.
Álvaro se levantó bufando, dio una patada a la silla y se marchó profiriendo tacos. Nunca olvidaré la expresión de Magdalena. Incrédula, dolida, colérica.
Entonces llegó otra sorpresa. Cata, una prima lejana de los Chatos se encaró con la nieta de los del Rojo hecha una auténtica furia
-¿Y tú de qué vas? ¿Es que no vas a tener las bragas quietas como la puta de tu madre?
El resto del grupo nos quedamos pasmados. Magdalena en cambio replicó y rápido.
-¡Vaya con la mosca muerta! ¿Qué pasa que te gusta Alvaro y no te atreves? Si quieres algo con él, cúrratelo. Pero por si te interesa mi opinión ese cabrón no vale la pena
-¡Es que tú vienes por ahí presumiendo, provocando
Por toda respuesta, Magdalena la miró con burlona incredulidad. Mi primo exclamó
-¡Ey, ey Cata! No te pases, ella -señaló a Magdalena- no le dió pie a nada
Cata no respondió pero abandonó la plaza llena de rabia. A partir de entonces el ambiente en nuestra pandilla se enrareció. Lo normal era vernos a mis hermanos con la forastera, como les dió por llamarla a algunos Mis primos, por ser los que vivían en el pueblo, nadaban entre dos aguas.
-Increible, tíos. Esto parece un viaje en el tiempo ¿A quién le importa una madre soltera hoy día?.
Esa pregunta nos ponía en un compromiso. No sabíamos qué decirle. Tampoco comprendíamos que la gente de nuestra edad la prejuzgase por las circunstancias, sobre todo conociendo las maniobras de algunos en las eras, con pocas precauciones la mayoría de las veces.
También Las discusiones, se hicieron cada vez más frecuentes
-¿Pero es que no véis el daño que le hacéis? Le pregunté a uno de nuestros amigos
-Pero ¿por qué? Su madre se enrolló con el Tomás. Y menuda mala leche que tiene la tía, Le da igual.
-¿Si? intervino Mili,su hermana encarándose con él. ¿Entonces cuando vas con Carmen a la era vas a un servicio por horas? Al menos sabrás lo que es un preservativo ¿No? No vaya a ser que tengáis otra puta.
La reacción de Javier fue irse contra ella. Los que no estábamos ocupados sujetándolo exclamamos sorprendidos
-¡Mili!¡Hay que ver con lo tranquila que pareces!
-¡Sí!, nos respondió ella, con cara roja como un tomate, ¡Menos cuando oigo chorradas!

La relación de Magdalena con el resto de la población masculina de Arcedilla, se deterioraba a pasos agigantado. Más de una vez había tenido que usar algo más que el ingenio para defenderse. Esa circunstancia hizo que frecuentase nuestra casa
-Esto es increíble, nos comentaba con perplejidad Parece un viaje en el túnel del tiempo… Todas estas movidas ¿Son por mi madre? ¿Qué tiene que ver conmigo? Eso pasó hace mucho tiempo.Al menos ella le gustaba el Tomás ese, que la dejó plantada, pero a mí, es que no me peta ninguno de esos.
Una vez mi madre quiso explicarle como era aquel microcosmos, pero Magdalena, nacida y criada en una gran ciudad, con su propia visión de la vida, respondió.
-A ver, Alicia. Vine aquí a conocer mis raíces . A conocer a la familia de mi madre, la de mi padre… Me cuesta decirlo, porque quería entender algunas cosas. Y me encuentro con unos locos salidos que están empeñados en que tengo que enrollarme con ellos por obligación.
Los mayores se limitaron a mirarse entre ellos y a menear la cabeza. Era la historia de siempre. El destino reservados a las hijas de madres solteras. Cuando la hija de la Roja y el Chato se marchó, pregunté.
-¿Entonces el Diego, el de la vecina tendría que enrollarse conmigo, porque sí, cuando a mí se me apetezca?
-No, hija. Eso es distinto, contestó mi padre
Mi madre que en ese momento estaba preparando la cena, dejó lo que estaba haciendo y preguntó
-¿En qué? Es lo mismo, ¡lo mismo! Diego tuvo la suerte de nacer varón, nada más. A los hombres siempre se les permitió todo. El honor y la virtud caían sobre la mujer
-No, no siempre
Los jóvenes nos sonreímos
-¡Ja! respondió mi madre
-¿Cómo que já?
– Si, ja ¿Diego no es un tirao a la calle? ¿Por qué la hija de Blanca, si?
-Bueno….Es que Blanca.
-¿Qué?
-Ella y el Tomás….
-Y tú no ves otras cosas parecidas en Madrid. Anda, lo que pasa es que cuando pisas el pueblo te vuelves salvaje
-Que cosas dices, terció mi padre
-Blanca estaba enamoradísima de ese desgraciado. Era joven y se dejó llevar ¿No recuerdas lo que contaban de él, que antes de salir con ella, había tenido dos novias a la vez?
– Eso no está probado
Mi tío,que estaba viendo el fútbol en la salita intervino.
-Pues no sé, que te diga César, esa marcha a Suiza es muy sospechosa… Y nunca volvió por aquí
-Oye que el viaje a España es caro, protestó mi padre
Mi tío y el resto de la familia nos echamos a reír; mi madre l espetó
-Pero bueno, tú, ¿en qué mundo estás? Con lo que se gana del al cambio del franco suizo a la peseta ¡Mira el hijo de Loli, nuestra vecina del quinto!
A partir de ahí la conversación derivó en los derroteros de la vida del Chato, Que si se había casado en Suiza, que si había por alguno de los pueblos algún chaval, con los mismos sospechosos ojos verdes.
-Aquí, lo único que importa, dijo Luisa, tan agobiada, como nosotros del tema. Es que la que paga el pato es Magdalena

-¡Chicas! ¡Traigo noticias!
-¿Cómo?, le dije. Acércate y da detalles.
Los chicos empezaron a rezongar. Magdalena sonrió agitando la mano.
– Tranquilos chicos. Nosotras nos vamos a dar un paseo hasta la era.
Las que rezongamos esta vez fuimos nosotras. Era tarde y habíamos vuelto de fiesta
-Venga animaos. Volveremos pronto y hay una luna alucinante
-Vale, le dijo mi hermana. Pero nada de enrollarte haciendo fotos. Nos cuentas las noticias y nos volvemos, que no sé las demás pero yo estoy rendida
Y sacando fuerzas de flaqueza nos dispusimos a acompañarla. Aquella noche la luna era grande y luminosa. El efecto entre las sombras de los árboles, era algo parecido a tener un enorme foco de luz suspendido en el aire. Durante el trayecto nos contó que había conocido a Armando el de Lucía. A ella le gustaba a rabiar… Nos pidió consejos, opinión.. y a los dos días ella Armando empezaron a salir. Entonces descubrimos otra faceta del carácter de la nieta del Rojo: Ternura y afectividad.
Como por arte de magia, los chicos dejaron de importunarla. Aquello debió de habernos puestos en guardia, pero la euforia del jolgorio, nos puso una venda en los ojos.
El día grande se presentó con buenas perspectivas. El fue espectacular. No faltaron tampoco los rituales de siempre. Cata estaba de buen humor porque Älvaro le había dejado un ramo de flores en su ventana; mi tía desde la suya se dejaba la voz animando a los chicos del pueblo Y las que no éramos de grandes éxitos, nos dábamos ánimos con el otra vez será.
A Magdalena y a Armando, los vimos de lejos siguiendo los juegos. Parecían contentos, pero a la media tarde, ella se nos acercó preocupada, Armando estaba serio.
-Intenté sonsacarle algo, pero nada. Se ha puesto brusco. Luego me dijo que tenía que dar una vuelta.
-¿Te ha dicho por qué?
-Nada. Pensé que lo mejor era dejarlo tranquilo.
-Hiciste bien, le dijo Mili. Ya se le pasará. Vente a tomar un vino con nosotras. Que se refresque y se le pase la mala uva. Tú a pasarlo bien con nosotras
-¡Eso!¡eso!coreamos las demás
Armando reapareció poco después, con un gesto más animado. Saludó a los amigos con un apretón de manos y se dirigió a su chica con una media sonrisa
-¿Qué tal?, y dándole un beso en la mejilla añadió. Perdona Chuli
-¿Ya se te ha pasado? ¿Por qué te pusiste así?
-Nada fue el día
-Ya pero a mí me dió mal rollo
-Venga, chuli. No te enfades. Luego la abrazó y volvió a besarla hasta llegar a los labios.
Tras unos minutos de parejeo, alguien protesto
-¡Venga ya tortolitos!¡Que dais envidia!
-Vale, vale, replicó Armando jovial. Ya nos vamos, que a nadie le dé un ataque ¿Nos vamos a dar una vuelta preciosa?
-Como quieras, respondió Magdalena
La pareja se levantó y abandonó la terraza Los demás los vimos alejarse con toda tranquilidad. Mili fue la única que arrugó la nariz.
-No me gusta
-¡Mujer! No seas ceniza
Mili sin embargo insistió, antes de volver a su vaso de sangría
-Lo que queráis, pero a mí no me gusta.

A la mañana siguiente, el pueblo era un hervidero. El tema eran Magdalena y Armando. Todo el mundo se hacía cábalas sobre las razones de ambos para ir paseando en dirección a la era. Unos decían que si de cositas. Otros que no, que habían visto a la chica volver con aspecto alterado a casa de sus abuelos.Nosotras intentamos sacar algo en limpio, pero nos encontramos con múltiples versiones de los hechos. Después alguien nos contó que había habido una porra, promovida por Álvaro y el propio interesado. La apuesta consistía en que Armando se llevaría a Magdalena al huerto antes de las doce de manera que decidimos ir a buscar a Magdalena, para ver si estaba bien.
-Ya lo decía yo, comentaba Mili.
-Chica, le dije un poco picada. Parece que te alegras.
-No, de eso nada, repuso mi amiga. Además estoy decepcionada con Armando. Nunca pensé que fuera así. Y mira que crecimos juntos.
-La gente cambia, sentenció mi hermana.
-Pues,si, le respondimos Mili y yo a coro.
Y las tres seguimos caminando en silencio por las calles de Arcedilla,hasta que en el reloj de la iglesia dio la una.
-¿Vamos después a casa de sus abuelos a verla? Preguntó Mili
-Creo que si eso que oímos es verdad, no tendrá ganas de ver a nadie, dijo mi hermana.
-Bueno, dije yo. Propongo que la llamemos después de la siesta para saber como está. Quizá necesite hablar ¿no?
. Si, contestaron mi prima y mi hermana. Va a ser lo mejor.
El teléfono sonó a las tres de la tarde. Mi tía después de cogerlo, llegó a la cocina con cara seria.
-Magdalena, pregunta si Sara o tú podéis poneros ¿Ha pasado algo ayer? ¿Os habéis peleado? Parece un poco alterada, aunque ha sido correcta…
Los demás intercambiamos una mirada. Mi padre le dijo.
-Ya te explicamos luego, cuando terminen de hablar. Andad rápido, añadió dirigiéndose a nosotras, que el teléfono sube.
Magdalena fue breve. Con voz seria, se limitó a disculparse por llamar a esa hora y después preguntó si podíamos pasar por casa de sus abuelos a verla. Nosotras contestamos que por supuesto, que nos acercaríamos después de ayudar a levantar la mesa, pero ella nos dijo
-No, no hace falta. Necesito tiempo para llenar la bolsa. Mejor a las siete. Así no tendréis que caminar con ese calor

Nos abrió la puerta Celia, la abuela de Magdalena, una mujer de tez morena y ojos violetas. Aunque era ya mayor su cara mantenía aún cierta belleza.
-Hola hijas. Está arriba en su cuarto. Según subís a la izquierda, la primera puerta.
Magdalena nos recibió vestida con un pantalón de chándal, con tela de toalla, y una camiseta sin mangas de color azul verdoso que resaltaba unos brazos largos y delgados. Uno de ellos lucía un hematoma. Pese a su actitud amable, afectiva. la expresión de sus ojos hablaba a las claras de dolor, decepción y rabia. Mi hermana y yo nos miramos un minuto y …
-Hola, dijimos al unísono. Las dos nos sentimos azoradas y con ganas de reir. Nuestra salida había sido bastante cómica.
La breve sonrisa que asomó por el rostro de nuestra anfitriona, nos indicó que ella pensaba lo mismo.
-Hola tías, perdonad, nos dijo ¿Queréis tomar algo? Bajo a la cocina y os lo busco, así no molestamos a mi abuela. Bastante disgusto tiene la pobre.
Mi hermana le contestó.
-No tranquila, gracias. No te molestes ¿Qué pasó? Perdona, pero por ahí circulan varias cosas.
Sin más preámbulos nos dio su versión de los hechos. Armando le había propuesto dar un paseo hasta la alameda. Tenía dolor de cabeza y necesitaba despejar, y aclarar lo de la tarde.
-No sospeché nada,nos dijo. Siempre fue majo, educado, vaya. Dije que sí. Yo también tenía algo que decir. La verdad es que me había preocupado.
Todo transcurrió con normalidad, hasta que llegaron a su destino. En lugar de sentarse en uno de los bancos, hablar, darse algún que otro besuqui, ella se encontró con que de pronto Armando le enseñó un preservativo y por decirlo de alguna forma se puso pesado.
-No sé cómo os lo diría continuó diciendo Magdalena. No sé si “pesado” como decís es la palabra. Al principio me quedé cuajada. Nunca me había pasado nada igual pero cuando luego vi que no me lo pedía, que me lo exigía, reaccioné: ¿Estás mal? le dije. Si llevamos poquísimo saliendo ¿Por eso estabas así? ¿Qué pasa tú también como los otros? Y entonces mi madre.
Magdalena se secó las lágrimas que se le escaparon, antes de continuar contándonos que Armando se puso a gritar como un loco, antes de intentar cogerla por el brazo, pero que ella había podido zafarse.
-Cuando llegué a la altura del cementerio, menudo comité de recepción me esperaba. Oí abucheos, obscenidades. Incluso pensé que alguno iba a querer propasarse. Cogí una piedra por si acaso ¡Qué vergüenza! Me sentí culpable y sucia. Culpable ¿De qué? Creí que iba a pasar un rato tranquilo con mi chico. … Aquello parecía una jauría de perros. Me siguieron hasta la entrada del pueblo. Cuando vieron a mi tío dar la vuelta a la esquina echaron a correr como gamos.
Mi hermana y yo quedamos consternadas. Eran los mismos chicos que habían crecido con nosotras. con los que nos habíamos bañado en el río, corrido por la era. Queríamos decirle algo pero no encontrábamos las palabras.
-¿Y qué vas a hacer? Fue lo único que se me ocurrió preguntar. Mi hermana me fulminó con la mirada, pero me resultaba imposible permanecer en silencio
-Bueno, dije intentando arreglar las cosas. Quería decir…
En realidad no lo sabía. Me sentía mareada. Entonces Magdalena sacó un álbum. Tenía el tamaño de un block, y sus tapas eran de color naranja.
Las fotos eran de Londres
-Ahí debí volver este verano. En vez de venir aquí. Cuando llegue a Madrid, llamaré a mis colegas, y con lo que me queda de pasta, me voy a Gredos con ellos
La decisión no nos sorprendió. Un vistazo rápido por el cuarto, confirmó lo que nos había dicho por teléfono. Sobre la cama vimos la bolsa de viaje aún abierta, y algunas cosas desperdigadas, señal de que todo estaba casi listo para la marcha.
-Me voy esta misma noche en el tren. Mi prima Elvira se va a la capital y me lleva. La única de los chatos que no me miró como si fuera que sé yo…Un bicho raro
-¿Y Armando? le preguntó Sara
-¿Ese? Que se vaya por ahí.Sólo espero que haya perdido mucho en esta apuesta que se hizo a mi costa, por cabrón
Después mientras metía el resto de las cosas en la mochila y la bolsa añadió
-Vosotras sois guais, y Mili también. Decidle adiós de mi parte. Aquí tenéis el teléfono de mi casa- Y nos dió una hoja garabateada en tinta azul- Venga, a ver si nos tomamos unas cañitas por ahí.

Nos quedamos en casa de los del Rojo hasta las diez. Aquella noche Sara y yo volvimos directas a casa. Desde la carretera se oía el ruido de la fiesta, pero nosotras seguimos caminando sin articular palabra.
Cada una pensaba en lo suyo.

La marcha de Magdalena fue muy comentada.. Un domingo, a la hora del vermut, Armando se presentó diciendo que era una maleducada por haberse marchado sin despedirse de él.
-Hombre con lo que contaron por ahí, dijo alguien
-Te pasaste tres pueblos, comentaron por otro lado
Mi primo dijo
-A ti te jode haber perdido la apuesta y quedarte sin polvo
Armando sonrió con falsa deportividad y dijo
-Joder que tía. Vaya como se lo tomó.
Yo, como movida por un resorte, me levanté, cogí el vaso de refresco que me estaba tomando y derramé su contenido por la entrepierna del hijo de Lucía. Toda la terraza fue un clamor.de risas y aplausos mientras abandonaba nuestra mesa en dirección a la era.. Entonces una voz femenina me dijo
-Bien hecho.
Esa fue la única vez que me paré antes de seguir andando. Era una mujer de edad madura, acompañada por dos hombres. No recuerdo su rostro, salvo por un detalle. Tenía unos ojos verdes, vivos y risueños.
Parecidos a los de Magdalena.