Del cobalto a la espiga

Cielo de color cobalto,
adornado con diamantes helados,
suspendido sobre nuestras cabezas.
La niebla se va hacia el río.
Por el cauce frío,
bajan los muertos ¿Qué será de aquellos
que están vacíos de abrazos.
Frío por el cuerpo y por los recuerdos.
Los juguetes se quedan arrinconados
en el fondo del armario
Viaje sin dirección determinada:
los montes se ven lejanos,
Un rosa indecible los envuelve;
las gaviotas entonan su lamento:
La nieve se acerca a la par que las sardinas.
Se quedarán dormidos los colores.
Echaré a andar,
me acompañará el silencio.
Cuando llegue a mi destino,
quedaré convertida en una espiga.

A pie de corriente

Estoy aquí, es verdad.
La gente me reconoce;
un cielo azul se adhiere
a mis ojos.

Me rio, es verdad.
Me cuesta trabajo.
Algunas veces la luz
se va, todo queda a oscuras
Entonces me invade el pánico.
El presente y el futuro
se asemejan a una noche
donde el aire puede ser
irrespirable.

Canto. Es cierto.
Oigo mi voz deslizarse
por las notas y crear
meandros donde hay escollos
sólo en apariencia.

La brisa marina, abre
los respiraderos, rompe
los muros en mil pedazos.
Azules y verdes,
hasta ahora ignorados
llenan el espacio.

Los barrotes de la jaula
no se rompen, se disuelven.
Los pájaros de colores,
llenan el aire. Recuerdo:
las hojas me esperan
en el río.

Mi corazón late.
Es algo cierto, palpable.
Su palpitar se hace eco
en mis costillas. Recuerdo:
las hojas me esperan
a pie de corriente.