Un segundo de cólera

Siempre igual. Aquel excusado duraba limpio lo mismo que un caramelo a la puerta de un colegio, como se dice por ahí. Pero esta vez el reguero llegaba ya hasta el arranque del pasillo, y acaba de limpiar hacía un momento… De pronto, como movida por un resorte corrió hacia la habitación donde en teoría, se encontraban estudiando los culpables. La puerta estaba entreabierta. La empujó con todas sus fuerzas y exclamó
-¡Os la voy a cortar!
Al día siguiente, cuando entró en la cocina para tomar el desayuno se encontró con una bandeja repleta de rosquillas rellenas de crema. Ella se rió entre dientes y dijo.
– No saben poco los muy desgraciados.