Sin título

La ciudad es sucia

cuando llueve.

Bajo las gotas

el negror la cubre.

Se vuelve inhóspita.

Las calles se hacen más largas.

Bajo la lluvia

puertas y ventanas,

se vuelven hostiles.

El humo baila

aplastado entre las nubes.

Por debajo las aceras

parecen espejos:

Se va abriendo el cielo.

 

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Tocando fondo

Nunca tuvo vocación de Cuggart. Los jovencitos nunca fueron para ella . Y a estas alturas de la vida no iba a ser la primera vez. Lo que le ocurría le costaba explicárselo. Desde el punto de vista físico el interesado resultaba menudo y tosco. Lo único que se salvaba era su cara, y sin ser una cosa extraordinaria; algunas veces aquel rostro tenía una expresión fría, que a veces rayaba en lo desagradable. La única razón plausible. Era que veía, o creía ver en él algo de su propia juventud. Siempre estaba subido a una bicicleta, como ella a su edad. Alguna amiga le había dicho más de una vez que iba a coger “complejo de Gorospe”. El caso es que muchas veces, cuando el trabajo saturaba su cabeza, la echaba de menos. Esa sensación de espacio, de libertad y de cansancio sanos eran para ella mejor remedio que una tisana. Sin embargo su situación vital no le permitía detenerse en sentimentalismos. El pueblo poco o nada tenía que ofrecerle como diversión. La solución de la ciudad no era tampoco para bailar sevillanas. Discoteca para mediana edad. Desde el punto de vista cronológico, ella coincidía, pero significaba caer en algo que no deseaba. Un baile de desguace, aunque los allegados le aconsejaban no cerrar puertas antes de abrirlas, la perspectiva la hacía sentir como un artículo de segunda. Y además la sola idea de que él pudiese considerarlo lógico, la mortificaba, lo que hacía que el hecho de admitir esa atracción que experimentaba la llevase a sentirse sucia. La mujer sacudió la cabeza con auténtico disgusto Sí, no cabía la menor duda. Había llegado el momento de averiguar si había tocado fondo.