Bocanadas convulsas

De nada sirve quedarse
contemplando estelas
blancas en el cielo.
Su reguero de espuma gaseosa
trae solo olvidos atrasados,
y lágrimas morosas
a un interés leonino
¡Qué cara ha salido
la sal después de todo!
Parece que la vida se asfixia
perdida en un punto
desviado del espacio y el tiempo…
Otro trazo en el cielo.
La esperanza es tozuda,
más bien, estúpida.
Sin embargo entre bocanadas
convulsas, esa misma vida
reclama su parte.

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Ni más ni menos

Tengo las asentaderas encallecidas,

ni más ni menos que los demás.

Caminar y caer entre piedras

es lo que tiene. Sin embargo

hay momentos en  que el mar

con su sal amarga, invade los sueños

Por fortuna, sabemos que todos los días

amanece tras las ventanas.

Sabemos, con toda certeza

que aunque el cielo esté oscuro,

el sol termina luciendo.

 

 

 

Un agujero muy profundo

Proyecciones:
Miras al cielo azul
y echas de menos algo:
Una chispa, una mirada
El vibrar del contacto
de un cuerpo deseado,
bajo los efectos del sueño.
Sombras distorsionadas. Dolor
de espera, cielo azul,
la energía se gasta
Las raíces llevan cada vez
menos savia.
Cuando vuelves la vista
solo te encuentras
un agujero muy, muy profundo.

Suma y cuenta

Para mi amiga Servan

Gota más gota: dos gotas.
Dos gotas más mil: un arrollo
que corre salvaje, por la ladera
de la montaña
arrastrando en su fondo
filamentos de hielo.
De ahí, un río.
Este río más otro:
una serpiente de cristal
líquido que derriba
muros y alambradas
que se desborda por los caminos,
se transforma en fuente.
En charco donde refrescar
los pies,
donde mirar al cielo.