Me olvidé de tu puerta,
aunque la noche que compartimos,
me asalta antes del canto
del despertador como
un enemigo inesperado,
que se agazapa
entre las sombras.
Hoy, recorro aquel camino
que tenía pendiente,
aquel que no quise mirar de frente
,-lo reconozco-,
por pereza y por miedo.
Durante el recorrido,
mis labios se van quedando sellados,
lo conocido, se desgaja
congelado tras un cristal.
Sin embargo, a pesar de mis piernas
de plomo, sé que al final
beberé vino con cenizas.

Anuncios

Alba mojada, sin canto
de sapo, gritos de hambre
desvelada. Es toda una hazaña
las ventanas, tanto tiempo
sometidas a clausura.
Olor a rancio en el cuarto.
A paredes sudadas, los pájaros
huyen de los pretiles vacíos:
Al final solo queda un silencio
pegajoso, plagado de gritos.