Más de microrrelatos

Tosía. Tosía cada vez más fuerte. Se ahogaba. La tensión había roto todos los diques. No merecía la pena seguir aguantando.

El cachorro corría, saltaba. Hacía cabriolas al tiempo que mordisqueaba la mano o cualquier cosa que se le pusiera al alcance de sus dientes de alfiler. Parecía una peonza.

La pluma se deslizaba sobre el papel. Cada letra era un espasmo. Lo importante era no volverse loca.

Mensajes al enemigo

El bar se encontraba atestado. Para mayor exactitud, en aquella calle, lugar oficial de marcha de la ciudad, como por ahí se dice, no cabía un alfiler. Úrsula estaba agobiada. Los exámenes del trimestre habían sido agotadores, aquel mar de cabezas la mareaba, y por si fuera poco, Jessica, su mejor amiga, le había estado insistiendo las últimas veinticuatro horas para presentarle unos chicos, según ella majísimos. Los chicos en cuestión parecían buena gente. Desde el punto de vista físico no eran gran cosa, pero al intentar entablar una conversación con ellos, sólo consiguió crear un malentendido incomprensible y sacar la impresión de que nunca habían salido de casa. Meneando la cabeza volvió a reunirse con el corro principal, que en ese momento bailaba a ritmo de electro latino.
-¿Qué te parecen? Le preguntó Jessica, cuando la vio. Ya sé que los asustaste un poco. Mateo dijo que eras una borde
Luisa enarcó las cejas con incredulidad
-¿Quién yo? Preguntó señalándose a sí misma con el dedo
-¡Bah! No te preocupes. Espera a que te conozcan un poco más. Son unos cortados.
Unos mataos diría yo pensó Luisa. En alto añadió con ironía
-Pues paciencia.
-Venga ya no te pases. Todavía tienes que conocer a Juaco y Polo
-¿Polo?
-Para distinguirlo de su padre. Los dos se llaman Leopoldo
Úrsula asintió con la cabeza y se dispuso a tomar aire. Punto muerto y que el instinto llevase la batuta. Con una metedura de pata había sido bastante. En pocos segundos tenía delante de ella a dos chicos.
-Estos son Juaco y Polo.
Juaco era corpulento, de mejillas coloradas, con aire sano. Tenía la misma madurez que los anteriores chicos, pero atisbó en él algo de más de inteligencia, al mostrar sentido del humor y una capacidad para escuchar, si algo captaba todo su interés.
Polo, en cambio era un niño guapo. De buena percha. Sin embargo aquella fachada perdía interés en cuanto se cruzaba con él la primera palabra. Cada vez que se dirigía a ella, el muchacho no dejaba pasar la ocasión de flirtear y de hacerle ojitos. Al principio sintió curiosidad, después al comprender que aquel coqueteo no tenía ningún fin determinado, decidió dejarlo correr y se puso a charlar con Juaco y con Jessica. Pero el chico no se dio por enterado. No dudó en inmiscuirse en la conversación, sacudiendo la cabeza, igual que un león, diciendo insulseces, que Jessi trataba de atajar como una maestra de ceremonias condescendiente.
-Tranquilo, Polo. No nos vayas a asustar a Úrsula, que todavía no te conoce.
¡Por Dios! Pensó la aludida. Asustar, si es que me parto. Parece la caricatura de un galán de cine, por Dios. Será mejor que lo pare.
Úrsula le lanzó una indirecta, mejor tratar de resolver las cosas de forma suave. Sin resultado. Polo entendió que aquello era una invitación para continuar con su mariposeo. Al cabo de un rato ella empezó a esquivarlo. Hablar con alguien así, en continua pose,… empezaba a desquiciarle los nervios.
Este necesita que lo paren radical. Que le den una lección, vamos, pero ¿qué puedo hacer? Pensó, mientras hacía un esfuerzo por no exteriorizar su exasperación. Solo faltaba que los otros que observaban desde la puerta tuviesen circo gratis para el resto de la noche.
La idea le llegó como caída del cielo. Sin dudarlo se fue acercando hacia el espacio de Polo. Cuando éste volvió a la barra para coger su consumición, Luisa lo tenía ya a su completo alcance. Sin dudarlo, le echó la mano a la cara y le dio un beso en los labios
-¿!Pero qué haces, tía!? Le preguntó escandalizado mientras se apartaba.
Luisa se encogió de hombros con aire divertido
-¡Ay, chico! Cuando mandas mensajes al enemigo… ¡Pasan estas cosas!