Posible pero necesario

¿Que te hice daño?
Es posible,
pero necesario:
Durante dos años
aprendí a caminar
entre clavos
y a odiar las fiestas
de fin de año.

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Todos los años, la familia Mendiola recibía el regalo de unos primos que vivían en el campo. Unas veces era un pavo. Otras. un saco de nueces. En esta ocasión la mujer del primo Isidoro, que era buena cocinera, decidió lucirse preparándoles una anguila de mazapán. El presente llegó a casa de los homenajeados unas semanas antes de las fiestas navideñas. Al verlo Óscar Mendiola, decidió que algo con tan buena pinta, tenía que quedar expuesto en una mesita auxiliar del comedor. Su mujer Adela, accedió a sus deseos, no sin dejar claro a los chicos que la anguila no se tocaba hasta el día de Navidad. Los hijos prometieron que ni la mirarían y la anguila se quedó allí a la vista para tormento de Carmen la más pequeña. A ella solo le interesaba la yema que había en su interior. Desde el primer momento su pequeño cerebro, se puso a dar vueltas, para encontrar la manera de probar un poco de esa exquisitez. Lo primero que se le ocurrió fue hacer un agujero en la cola e ir sorbiéndola poco a poco con una paja. El truco le funcionó hasta que la yema se fue acumulando en el centro de la masa de mazapán, Carmen se vio obligada a pensar en otras estrategias. La inspiración le vino viendo tejer a su madre. A escondidas la chiquilla cogió la aguja más fina de su bolsa de labor, la introdujo con mucho cuidado en el interior del pastel y fue extrayendo el relleno cada día hasta que no quedó nada. Sin embargo nadie se dio cuenta porque la pequeña lo había hecho con tanto cuidado, que por fuera la anguila permaneció intacta.
Por fin llegó la comida de Navidad. Su padre no paraba de presumir del buen aspecto del postre reservado para la ocasión, como si fuese el plato más caro del mundo. En ese momento Carmen comprendió que podía ser descubierta. Con mucho disimulo se colocó cerca de los mayores a ver si alguno se daba cuenta de su hazaña
-Ya veis la buena pinta que tiene seguía insistiendo el anfitrión .
El tío Gerardo, hermano mayor de Óscar se acercó a la anguila de mazapán y admitió como el gran goloso, que era el mejor colofón para un banquete como el que iban a tener
-Aunque supongo que no soy el único que tiene tentaciones ¿No Carmen?
A la niña le dio un vuelco el corazón y contestó en voz baja
-Si, tío Gerardo. La yema está muy rica.
Entonces Óscar que no se había percatado de la presencia de su hija dijo
– ¿Pero qué haces aquí? Anda vete con tus hermanos y tus primos a jugar. El primo Miguel trajo video juegos ¿A que si Gerardo?
-Claro, seguro que te lo estás perdiendo. Anda guapa, haz caso a tu padre.
Carmen obedeció y abandonó el comedor. De vez en cuando giraba la cabeza para comprobar si había sido descubierta. Su madre que venía de la cocina la sorprendió
-Pero ¿A ti qué te pasa? Mira que estás rara hoy. Vete a avisar a tus hermanos y a tus primos para que vengan a comer. A ver si dejan esos dichosos video juegos en paz
-Vale mamá.
Todo el mundo se sentó a la mesa. La comida transcurría con buen humor. Los adultos alababan las habilidades culinarias de la dueña de la casa, los niños hablaban lo y reían por lo bajo, de vez en cuando Adela y la tía Elisa los reñían. A medida que se iba acercando el momento de tomar el postre Carmen iba sintiendo un nudo en el estómago
-¿Qué te pasa Carmen? Preguntó su madre. Estás comiendo como un pajarito
– Estará haciendo hueco para la anguila dijo su padre.
Adela se levantó alzando las manos
-Dichosa anguila. Si lo sé no hago comida. A ver, los que vayáis terminando pasadles los platos a Elisa. Carmen y Miguel ponéis los platos de postre y tú, Oscar haz los honores.
Su padre no se hizo repetir dos veces la orden. Se dirigió a la mesa auxiliar, cogió la anguila y la colocó en el centro de la mesa. Después cogió un cuchillo y empezó a partirla.
-¿Dónde está la yema? Preguntó Pablo el primo más pequeño con tono decepcionado. Dijisteis que había
Öscar no dijo nada durante unos segundos. Luego giró la cabeza y gritó
-¡Carmen!
La aludida abrió la boca. Quería decir algo, pero no pudo emitir ningún sonido
-¿Qué hiciste? Preguntó el padre iracundo avanzando hacia ella, pero el tío Gerardo lo detuvo
-Venga Óscar, es Navidad. No vale la pena estropear este momento por un poco de yema. Total la anguila sigue entera y nos la vamos a comer igual.

Mucho ruido

Hay mucho ruido
a pesar del silencio.
En medio de esta algarabía
busco ese centro
que me esquiva.
En la corriente del día
a dia nado entre líneas
y me ahogo en un mar
de frases que se asoman
pero nunca llegan a término.
Suena una canción.
Su ritmo se balancea
hacia el vacío de recuerdos…
Me pregunto:
¿Qué puedo aportar
si los pierdo?

Cielo azul, rabia nublada.
El camino no debe
recorrerse en una pecera,
si el vidrio se rompe,
el pez puede morir…
Los sentidos se
ponen en marcha.
La noche ya no te pertenece.
Los párpados se aligeran;
la lucidez salió dando
gritos por los pasillos.
Al otro lado de la consciencia,
se ven casas en llamas:
De una simple chispa
ha surgido el infierno.

Aunque sea con retraso

Habían pasado treinta y un años desde aquella conversación en el puerto. Los cabellos de ambos lucían las primeras luces del otoño. Él dijo: “Perdona el daño que te hice”. Ella sonrió. El tiempo y la vida habían borrado las lágrimas. Aquello había sido una cosa de chiquillos. Alzando los hombros le contestó: “ Disculpas aceptadas, aunque sea con retraso”

Bocanadas convulsas

De nada sirve quedarse
contemplando estelas
blancas en el cielo.
Su reguero de espuma gaseosa
trae solo olvidos atrasados,
y lágrimas morosas
a un interés leonino
¡Qué cara ha salido
la sal después de todo!
Parece que la vida se asfixia
perdida en un punto
desviado del espacio y el tiempo…
Otro trazo en el cielo.
La esperanza es tozuda,
más bien, estúpida.
Sin embargo entre bocanadas
convulsas, esa misma vida
reclama su parte.

Propósitos

Caminaré, porque la vida solo mira hacia adelante.
Caminaré, porque mis muertos me empujan desde sus
cenizas yertas. Porque me lo debo a mi misma,
a los años de camino que han conseguido
hacerme como soy ahora. Aún tengo fe y brillo en
los ojos. Me queda coraje. He dejado mi niñez,
mi adolescencia y parte de mi madurez entre la podredumbre
y las flores.
Me levantaré, porque aún hay música y canciones rebosando dentro de mi garganta.

Enola Gay

Enola Gay ha hecho
temblar el mundo
otra vez. El blanco
y el negro han vuelto
a unir sus manos:
más funerales,
más lágrimas
de sangre. Solo
una flor pintada
de crema recuerda
que algo de
éter melódico
es posible.

De pianos

Los pianos, los animales
y los niños vienen
a ser todos lo mismo:
Necesitan movimiento
para no perder la forma

El viejo piano
de nuestra antigua sala
de ensayo, canta
como un viejo cantante
de Jazz en decadencia.
Sus notas, exhalan un vaho
con reminiscencias
de güisqui y tabaco malo