Mantra obsesivo

Uno, dos y tres
las notas del piano
me llevan al limbo.
Mi limbo es una habitación
con los trastos desordenados,
donde reina el vértigo.
En pocos pasos, llego
al camino de la resaca,
repitiendo como un mantra
obsesivo, el deseo del sabio.
Que nada haya sido en vano,
que nada haya sido en vano.

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Tosía. Tosía cada vez más fuerte. Se ahogaba. La tensión había roto todos los diques. No merecía la pena seguir aguantando.

El cachorro corría, saltaba. Hacía cabriolas al tiempo que mordisqueaba la mano o cualquier cosa que se le pusiera al alcance de sus dientes de alfiler. Parecía una peonza.

La pluma se deslizaba sobre el papel. Cada letra era un espasmo. Lo importante era no volverse loca.

El sueño de la mañana

Con el sueño de la mañana
llega el primer asalto de la memoria.
Ríos infinitos de recuerdos
desbordan las murallas.
El nuevo día que empieza
trae interrogaciones en bandada.
Su voz de sirena metálica
anuncia la tormenta
oculta entre las amapolas.
El cielo aún está raso
pero cuando se rompa
con los primeros relámpagos
quién sabe cuales
van a ser las respuestas.