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textos en prosa

Mañana mismo

Siempre deseó volar. De joven le habría gustado ser piloto, pero en su ligar de origen no había donde aprender, ni sus padres estaban dispuestos a invertir dinero en profesiones románticas, de modo que tuvo que conformarse con estudiar administrativo. No le gustaban aquellos estudios, sin embargo los realizó con poco esfuerzo y al poco de terminar en la academia, encontró colocación en una empresa de muebles. Allí conoció a Mariluz, la secretaria, se casó con ella. Tuvieron tres hijos que criaron entre los dos pasando por los altibajos propios de la vida en común hasta que llegó el momento de jubilarse. Para Mariluz esto no supuso ningún problema. Aficionada a hacer mil cosas a la vez, no dudó en apuntarse a talleres de manualidades y de pilates. Él en cambio se quedó vacío. En su biblioteca no cabía un libro más sobre pilotaje o aviónica. Se pasaba el día paseando o mirando las noticias sin ningún interés. Su mujer, sus hijos insistían en que buscase algún pasatiempos.
-Algo con lo que puedas tener esa cabeza ocupada solía decir su mujer.
Trabajo inútil. Por mucho que le daba vueltas, Víctor no encontraba nada que lo llenase salvo la idea de volar. Era cierto que había viajado en avión y había tenido subidones, como dicen los jóvenes de adrenalina con los despegues, pero nada comparable con el hecho de sentir en las manos el control de un aparato. En sus paseos miraba al cielo con nostalgia pensando en los años que ese viejo sueño había quedado aparcado, con la excepción de sus libros sobre el tema que devoraba con avidez los fines de semana o cuando llevaba a sus hijos al monte en el pueblo de su mujer para echar a volar un planeador que estaría perdido por alguna estantería del trastero, para resurgir con fuerza ahora que sus horas no estaban ocupadas. El día de su cumpleaños se levantó dispuesto a seguir con la rutina de siempre: Desayunar y vagabundear sin rumbo por el sendero que habían construido cerca de su edificio. Estaba cogiendo su chaqueta cuando Mariluz le dijo.
-¿Puedes ir al supermercado? Necesito algunas cosas Los chicos vienen a comer hoy a casa.
Él apretó los dientes. No le gustaban en exceso las celebraciones de cumpleaños. Había transigido con las de sus hijos mientras fueron niños, pero una vez estos llegaron a la adolescencia se limitaba a regalarles dinero para que invitasen a sus amigos. Por eso no dudó en protestar ante lo que se avecinaba.
– ¿Para que los has molestado? ¿No sabes que están ocupados viviendo su vida, qué necesidad tenías de llamarlos ?
-Fue cosa de ellos. Ayer Javi llamó y dijo que tenían que hablar contigo
Víctor compuso un gesto de extrañeza
-¿Conmigo? ¿Para qué? Bastaba con que me hubiesen llamado por teléfono
Mariluz alzó las manos en señal de impaciencia
-Mira que eres soso. Quieren estar con nosotros; hoy es buena ocasión. Además quieren darte una sorpresa
-¿Ah si? ¿Sabes qué es?
-¡Como si lo supiera! No han querido decirme nada. Ya lo averiguarás cuando vengan. Ahora sal de aquí y vete al supermercado. No me sobra el tiempo.
El hombre cogió la chaqueta resignado. Por el camino, mientras recordaba la lista de la compra volvió a cavilar sobre su reciente obsesión por volar. Quizás la sopresa tuviera que ver con eso,. No imposible. Antes de entrar en el supermercado se detuvo, vació sus pensamientos y se dispuso a esquivar amas de casa y carros de la compra. Poco tiempo después estaba en casa con dos bolsas llenas de provisiones. Mariluz se apoderó de ellas y entró en la cocina. Victor se retiró al salón, encendió el televisor para ver el programa de actualidad. La tranquilidad duró poco. Los hijos fueron llegando de forma escalonada. Primero Javier el mayor, con una botella de vino en la mano. Después Marcos y Dani con una bandeja de pasteles. Tras abrazar a su padre, los tres entraron en la cocina para saludar a la madre. Al poco tiempo Víctor oyó una voz airada.

-¡Salid de aquí ahora mismo. Dejad las patatas en paz, venga. Id a ayudar a vuestro padre a poner la mesa!
La comida transcurrió con cordialidad. Los chicos, que ya eran hombres, se peleaban por contar a sus padres como les iba en el trabajo. Por un momento Victor pilló a su hijo menor observándolo con aire de misterio. Sin embargo él decidió no darse por aludido y siguió el ritmo de la conversación. Javier iba a ser ascendido en su trabajo. Mariluz no cabía en si de orgullo. El mayor siempre había sido su preferido. Cuando llegó el momento de tomar el café, Marcos, el más impulsivo de los tres se le acercó y le dijo
– Papá si no lo digo reviento, tenemos una sorpresa para ti
Los otros dos hermanos protestaron
-Eres un metepatas. Podías esperar un poco
-Bueno, bueno calma, intervino Víctor posando su taza de café en la mesa, a ver que es ello. Pensaba que la sorpresa erais vosotros. Para mí es regalo suficiente.
-¿Tú crees ? Dijo Javier. Papá eres demasiado modesto. Anda Dani dáselo ya. Da igual que sea antes que después.
Dani se levantó y se acercó a su padre con un sobre en las manos. Víctor lo cogió, Estaba cerrado.
-Vaya estáis todos dispuestos a que me esfuerce ¿No?
-Claro le dijo Mariluz si no no hay intriga. Anda abre y dinos lo que es. Que me muero de curiosidad.
Víctor no se hizo de rogar. Con la ayuda de un cuchillo rasgo el sobre. Sacó el papel que había dentro y lo desdobló: Era un curso de pilotaje de avioneta. El hombre enmudeció. Sus ojos se llenaron de lágrimas. El sueño de su vida iba por fin a cumplirse. Cuando se recuperó del impacto abrazó a sus hijos.
-Esto no me lo esperaba, chicos, no me lo esperaba. Pero eso ha tenido que ser un dineral
Marcos le puso un dedo en los labios
-No te preocupes y disfrútalo. Es un regalo de cumpleaños y jubilación. Te lo mereces
-Muchas gracias muchachos. No sabéis lo emocionado que estoy… ¿Cuándo empiezo?
El resto de la familia se echó a reir, satisfecha de la reacción del padre. Javier tomó la palabra y dijo
-Mañana mismo.

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Algo extemporáneo

“ Mientras vivas en mi casa harás lo que yo diga” Aquellas palabras sonaron como algo extemporáneo, Estaba claro que su madre se negaba a comprender que era ya mayor, que tenía derecho a crear su propia vida, sin por eso dejar de respetar y querer a los que vivían con ella. No tuvo más remedio que decir lo impensable “Hasta donde yo sé este piso también es mío”

Otra vida o la muerte

Después de entregar el dinero, una fortuna que su familia jamás volvería a tener, le dijeron que partirían dentro de cuatro lunas. Cuando llegó el momento, la playa a la luz del amanecer le pareció un lugar solitario y amenazador. Un escalofrío recorrió toda su espalda. En aquel momento fue por completo consciente de que en el mar le esperaban otra vida que podría ser mejor, o la muerte.

Una forma monstruosa

Cuando abrió los ojos, recogió la toca y regresó al claustro, supo a que tenía que enfrentarse. Encomendándose a Dios y a todos los santos, se dispuso a recorrer el convento en busca del intruso. Primero se dirigió a la leñera para buscar un objeto contundente. Luego empezó a buscar en cada estancia dispuesta a vérselas con él. De pronto un escalofrío recorrió su espalda. Una forma monstruosa avanzaba hacia ella. Sin dudarlo levantó el atizador dispuesta a no fallar el golpe; la forma retrocedió. Ella se animó y se le encaró gritando
-¡Atrás hijo de Satanás!
-¡No, hermana Marián, deténgase por favor! Es Emilio y tiene porfiria.

MI SITIO

No supo cuando abrió los ojos, recogió la toca y regresó al claustro. Había entrado a profesar tras un desengaño amoroso, pero con el tiempo se fue implicando en esa vida
y para ella Dios lo llenaba todo. Por ese motivo no estaba dispuesta a abandonar su vocación por él. Con sumo cuidado se recolocó la cofia y se dirigió al receptorio. Allí estaba, tan guapo como siempre. Ella se sentó frente al hombre y lo saludó con amabilidad
-Mayi dijo él cogíéndole las manos
Ella las retiró con tranquilidad y replicó
– Hermana Amalia para ti, Ramón. Aquí he encontrado mi sitio y tú no formas parte de él