Sorpresa

Subieron al piso. Tenían que ver una cosa en el ordenador. Ella se sentó en la mesa del salón y se puso a manejar el aparato. A los pocos segundos, tras un sobresalto exclamo:
-Pero ¿Qué estás haciendo?

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Más de microrrelatos

Tosía. Tosía cada vez más fuerte. Se ahogaba. La tensión había roto todos los diques. No merecía la pena seguir aguantando.

El cachorro corría, saltaba. Hacía cabriolas al tiempo que mordisqueaba la mano o cualquier cosa que se le pusiera al alcance de sus dientes de alfiler. Parecía una peonza.

La pluma se deslizaba sobre el papel. Cada letra era un espasmo. Lo importante era no volverse loca.

UN REGALO MEJOR

Tenía de todo. No sabía qué regalarle, hasta que en una tienda de juguetes ecológicos, encontró una peonza. Con mucho escepticismo, la compró y le pidió a la dependienta que la envolviese con vivos colores. Contra todo pronóstico el juguete fue un éxito. Al principio el niño se extrañó al verlo. Nadie le hacía regalos así. Después empezó a manipularla hasta que al tercer intento logró hacerla girar sin que volcase. Mientras ella observaba complacida los movimientos de su nieto, los padres le dijeron:“Desde su último videojuego, nunca lo vimos tan interesado. Felicidades, yaya. No pudiste hacerle un regalo mejor”

Murallas (Novela corta) – 6

Pocosparrafosbastan Blog

MURALLATITULO

6 (I)

Hijo único, de madre única, de un padre único que convertía madera rescatada de castaño en un diván; de peral, la mesa de marquetería turca; de la teca, una  cuna labrada; del roble, un ataúd…  Orgullosos de mancharse las manos, de destrozar la madera, de lanzar objetos cortantes contra la marea.

No quería esculpir un ángel custodio, ni encolar las patas de una silla,  ni recortar astillas. Quería recomponer los fragmentos perdidos de la dicha; por la mirilla, espiaba los pasos febriles. Se clavó la mano a la silla preferida de su padre a los ocho, porque sabía que el dolor no le era ajeno. Y lo celebraba arrojando gritos al cielo.

La sangre fluye desde la máquina. La sangre fluye desde la máquina.

Era el Niño Jesús en Nochebuena, el Espíritu Santo en Pascua, aunque su pelo se oscurecía por momentos y acabó siendo Judas Tadeo. Fue un error acudir al colegio cristiano…

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Sopa de primavera

Hay una sopa que se llama de primavera. Igual que la de mi vida. Y es que tengo un vínculo especial con esta estación. Que sí, que lo digo en serio. Con la  llegada de las flores me enamoré, me casé, tuve a mis niñas. La primera de abril y la segunda de mayo. Por ellas lo aguanté todo. Ahora con los cerezos en flor, entierro por fin a este desgraciado. Todo el mundo alaba mi tranquilidad. Me la he ganado a pulso