Más de microrrelatos

Tosía. Tosía cada vez más fuerte. Se ahogaba. La tensión había roto todos los diques. No merecía la pena seguir aguantando.

El cachorro corría, saltaba. Hacía cabriolas al tiempo que mordisqueaba la mano o cualquier cosa que se le pusiera al alcance de sus dientes de alfiler. Parecía una peonza.

La pluma se deslizaba sobre el papel. Cada letra era un espasmo. Lo importante era no volverse loca.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s