La diferencia

El amanecer marcaba la diferencia entre el paraíso del sueño y la pesadilla de ese despertar antes de tiempo. Lo odiaba. Se levantaba empapada en sudor y el estómago caía como una piedra sobre sus entrañas. Para aliviarse tenía que lavarse la cara con agua fría varias veces. Sin embargo esta vez era diferente. Se puso las zapatillas, encendió un cigarro y se asomó a la ventana para disfrutarlo.

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