ESQUEJE DE ENREDADERA

Se despidió. Prometió que volvería pronto; así pasó el otoño. Llegó el invierno y cuando los chaparrones y heladas de rigor se fueron quedando atrás la persona que esperaba comprobó que su corazón se había quedado sin raíz, sin ramas y sin hojas. Entonces lo metió en una caja, lo enterró en el jardín y plantó un esqueje de enredadera. “Hasta que vuelvas a florecer. Para entonces estaré de vuelta”

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