Le dijeron que no debía de estar allí, que todos los asientos estaban ocupados. Entonces pensó que entre los de afuera podría encontrar hueco. Tampoco hubo suerte. Un día salió, a primera hora de la tarde, cuando las calles respiraban el sopor de la sobremesa, salió a la plaza, trazó una circunferencia en el suelo y se salió por la tangente.

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