NO VALES UN DURO

El sol entraba a raudales por la ventana. La abuela le sugirió que fuese hasta el río a bañarse. Gema se desperezó aburrida. El calor era tan pegajoso, que no apetecía nada moverse, pero una especie de inquietud la hizo decidirse a abandonar la casa. Sin prisa, de forma apática, empezó a sacar el bañador, las alpargatas, las toallas. Fue cogiendo todo hasta que la bolsa quedó llena por completo. Después cogió el móvil, los cascos y se dirigió a la puerta.
-¡Abuela! Exclamó antes de cerrar la puerta, Voy al río. Volveré pronto
-Vale, chiquilla,-contestó la abuela con voz satisfecha. Remójate y pásalo bien.
El pozo no estaba lejos. Era soleado, pero tenía la suficiente cantidad de árboles como para encontrar algún hueco con sombra donde poder instalarse. Gema colocó su toalla bajo uno de los que se encontraban cerca de la orilla. Tras cambiarse, se echó una buena dosis de bronceador, se puso los cascos y conectó la música. Pronto la invadió una sensación de relax; antes de que pudiera darse cuenta los ojos se le cerraron. Aquello era vida. El tiempo no pasaba, se deslizaba a su justo ritmo. Si fuese por ella permanecería así de quieta todo el tiempo… hasta que una voz la devolvió a la realidad. Arias, de nombre Carlos, se encontraba de pie frente a ella con las piernas dispuestas en compás y los brazos cruzados. Gema arrugó la nariz. Conocía a Carlos Arias lo suficiente como para saber en qué plan venía.
-Me quitas el sol dijo la muchacha con calma.
-Jo, como eres, tía, ya estás morena bastante ¿No?
Gema respiró. Era mejor no perder la calma
-Eso lo decido yo. Así que aire, quítate.
Pero Carlos no solo no se apartó; se agachó en dirección a Luisa y exclamó
-¡Uy, qué mujer tan dura! ¿Sabes? Me apetece tener tema contigo.
Gema retrajo su cuerpo y respondió
-Pues aquí no lo vas a encontrar, asi que lárgate
– Pero ¿Tú que te crees tía? Le espetó Carlos volviendo a ponerse de pie, Las tengo a patadas. Tú no vales un duro
Gema no se dejó intimidar. Se levantó y poniendo el cuerpo hacia adelante le replicó.
-Y ¿Qué haces aquí? Vete a buscarlas.
-Desde luego
-Pues hala
-Piérdete tía, le espetó Carlos sacudiendo la cabeza antes de irse. Lo repito, no vales un duro
Gema no replicó. Por dentro temblaba de rabia. La escaramuza había tenido testigos y se sentía observada. Con fastidio se metió en el río. El contacto con el agua la calmó. Cuando salió a la orilla las tres amigas que tenía en el pueblo, Olga, Loli y Maica, la estaban esperando.
-¿Os han contado algo? les preguntó
-No ,le contesto Olga, pero vimos a Fermín y a los de su panda marchar e iban comentando algo de Carlos y de ti, de que le habías puesto las pilas. Detalles, Gema
La interpelada les contó todo lo ocurrido, tratando de quitarle importancia. El asunto había sido desagradable y quería dejarlo zanjado, pero sus amigas no estaban dispuestas a dejarlo correr. Le hicieron preguntas sobre si le había hecho algo, si alguien había venido a ayudarla…
Al final Olga comentó
-Ese tío me da mucho asco. Se cree que todas las tías están a su servicio ¡ag! Me alegro de que le hayas puesto los puntos sobre las íes, Gema. Que se j…
-Eso corearon Loli y Maica Que se j… y que baile.

Al día siguiente Gema y sus amigas fueron a la discoteca a una localidad cercana. Cuando llegaron, la antigua sala de fiestas se encontraba en plena animación. Con esfuerzo las cuatro amigas atravesaron la pista hasta que pudieron hacerse un hueco cerca del escenario. En el momento en que iban a ponerse a bailar, Loli le dió un codaza a Gema. Carlos estaba a pocos pasos de ellas con sus amigos. Luisa hizo un gesto de disgusto.
-Vámonos a otra parte. No quiero ver a ese chulo
Las muchachas intentaron desplazarse hacia el lado del servicio de las chicas, pero un reflujo de gente que procedía de la calle hizo imposible la maniobra. Entonces Carlos las localizó
-Ya podéis decir que está buena. dijo en voz alta señalando a Luisa, pero es una estrecha que no se enrolla ¿A qué si Gema?
La muchacha miró a su alrededor. Unos se reían a carcajadas. Otros se limitaban a esperar su reacción. Ella torció la cabeza y se puso a bailar ignorándolo por completo. Sus amigas la imitaron, hasta que llegó la hora de la música lenta. En ese momento Luisa se dirigió a la salida
-¿A dónde vas? Le preguntó Olga
-A tomar el aire. Necesito dar una vuelta. Ese imbécil me ha quemado la sangre
-Pues vamos contigo
La temperatura era agradable. Las chicas pusieron rumbo a un parque cercano a la discoteca, De pronto Gema se quedó inmóvil: Frente a ellas había un coche metalizado; antes de que las demás pudiesen hacer algo para detenerla, sacó las llaves de su bolso y comenzó a trazar una ralla sobre la superficie del automóvil
-Pero ¿Qué haces? Exclamó Loli ¡Estás loca!
Olga intentó, tarde, sujetarla, pero Gema consiguió zafarse y continuó rallando el vehículo hasta dejar una linea que recorrió todo su perímetro. Después volvió a guardar las llaves en el bolso y dijo satisfecha.
-No podéis haceros una idea de lo a gusto que me he quedado.

Hasta debajo de las piedras

Por no quedar sola
parece que es preciso
vender el alma.
Cuando se llega
a una edad,
se da por sentado
que dejas de ser persona,
sin derecho a unas mariposas
corriendo por las venas,
porque da  sensación
de que la mujer
se vuelve invisible
si de la mañana pasa a la tarde.
Por no quedar sola
se ha vuelto obligatorio
buscar cartuchos
hasta debajo de las piedras.

Aviso, nueva entrada en el albatros

La nueva entrada de hoy se encuentra en la página de este blog el albatros. En ella se encuentran las traducciones que realicé del poeta Baudelaire y unos poemas míos escritos en francés, pero acompañados de su traducción al castellano.

Para llegar a ella podéis hacer clic en este enlace: https://juglar2.wordpress.com/el-albatros/

Sin prisa

No sabía que era martes. Como todos los días, en estos últimos tiempos se levantó de la cama, sin la menor noción del reloj ni del calendario. La jornada en aquel asilo, o como quisieran suavizarlo, transcurría plácida, sin el menor asomo de monotonía. Gracias a su memoria hueca, iba tomando consciencia de una serie de pequeños detalles, que habían ido desapareciendo del espectro de su mente con el paso de las ocupaciones (unas imágenes borrosas, estresantes) y los años: el paso regular de las estaciones, con sus cambios de luz y de color, los olores a frío, calor o a tierra húmeda. El sonido de la lluvia. Como ahora mismo. El golpe del agua contra el cristal, contra el suelo. Una tarde se sorprendió a sí mismo intentando reproducirlo con el piano de una de las salas
¿Dónde había aprendido a tocarlo? se preguntó, pero el espejo de su memoria se negó a responderle. Se las arregló para conseguir un papel y un lápiz. La escribió, le dio forma. Cuando la tocó delante del siquiatra del centro, este asintió con la cabeza en señal de satisfacción y le dijo
-Muy bien. Parece que hemos encontrado un hilo. Siga devanando a ver a dónde nos lleva.
Y así hizo. Solo le respondieron las sensaciones externas y la música. Por eso no supo que era martes. Y decidió perderse por el jardín, y ayudar al conserje que también se ocupaba de cuidarlo, a sembrar y a quitar las malas hierbas. Eso lo libró del horario de visitas. No tuvo que encontrarse con unos rostros desconocidos, que aunque lo miraban con una sonrisa, el solo hecho de tenerlos en frente, le provocaba pinchazos en los más hondo de su estómago. Así con esa sensación de plenitud se metió en el interior del edificio cuando el timbre sonó anunciando la cena.
Después de lavarse las manos se dirigió al comedor y se sentó con sus compañeros de partida. Con ellos descubrió algo que desconocía,o que de forma probable había olvidado antes de la oscuridad de sus recuerdos. Medina, el enfermero se le acercó en el momento en que les servían la sopa
-Mariano ¿Cómo no ha aparecido por la sala de visitas? Su familia ha preguntado por ustedes
-¿De veras? preguntó, con un deje de irritación. Hablar de aquellos desconocidos, lo molestaba, sobre todo si era antes de comer y el ejercicio al aire libre le había abierto el apetito.
El enfermero atacó por otro lado 
-Los martes es día de visita ¿No se acuerda?
-¿Es un chiste?
Los demás comensales intervinieron 
-Calma, hombre. No te excites
-Es bueno que te quieran dijo otro
Mariano negó tozudo e irascible con la cabeza 
-Ya os lo dije mil veces, lo sabéis. No me quieren. No sé que esperan de mí pero no me quieren
Tras esa afirmación Medina, se retiró de forma discreta y lamentándolo de verdad, tenía que admitir que Mariano tenía razón. Muchas veces había escuchado de forma involuntaria retazos de conversación con el siquiatra y pudo hacerse una idea de la serie de intereses creados que existía en el seno de la familia.
Al día siguiente cuando Mariano visitó a facultativo, se sorprendió con una recomendación si no extraña, al menos original.
-Mariano. Siéntese al piano y trate de pensar en alguien que le haya querido de verdad. Una madre, una hermana…
-No me acuerdo, doctor
-Bueno, entonces piense en lo que para usted sería una madre, y veremos que pasa.
Mariano dudó
-No sé.. No sé si quiero volver
-Cierto, afirmó el siquiatra. Usted no quiere recordar. Se esconde en el olvido. En él se siente seguro. Sin embargo hay que avanzar. No puede quedarse en esta oscuridad
-Pero…
-Si, cierto le ha dando cosas buenas  admitió el especialista. La música, por ejemplo, la relación con unos amigos cercanos. Quizás esos sean instrumentos para una nueva vida ¿Va a quedarse sin averiguarlo? Las cosas nunca pasan porque sí.
Mariano se quedó en suspenso. Aquellas últimas palabras hicieron en su interior el efecto de una descarga eléctrica.
-Perdone, doctor, tengo que ir al jardín. Le prometí a Alfonso que lo ayudaría a trasplantar los rosales
El doctor sonrió con amabilidad. Le dio unos golpecitos en la espalda a su paciente y le dijo.
-Claro, vaya. No hay prisa.

Reloj dormido bajo el hielo

El reloj se va despertando:
El reloj dormido bajo el hielo
lucha contra la inercia,
bombeando a pesar
del frío y del peso.
Los ascensores suben
y bajan. Aún no deseo
que se detengan,
pero la vida llama
con un tenue susurro
de olas marinas
y como pez en el agua
acudo a la orilla,
busco algas para el viaje.
Busco las señales
en las gaviotas
que planean sobre el vacío;solo oigo gritos
que hieren el aire .
Suena el reloj,
murmuran los ascensores,
los gallos pregonan
su canción antes de la hora.
La respuesta esta en cada latido,
en cada sueño surgido
de lo más profundo de la tierra:
La respuesta es dar.
Camina.

ELSA

Las manos estaban inquietas. En medio de aquella falta de actividad la mente se encontraba a cero; trazó unas líneas pero las palabras se negaban a salir. Resignada a no reflejar nada en la cuartilla abandonó el piso. Quizás mientras esperaba la cola del pan encontraría esa corriente que la llevaba por infinidad de caminos; ahora solo la conducía al mismo sitio: el vacío. Laura exhaló un suspiro y dirigió sus pasos a la panadería. A su olfato llegó un olor a desinfectante. Su mente se llenó de recuerdos. Por un momento pensó que ahí podría tener un filón; lo deshechó en seguida. Con toda seguridad caería en un juego morboso. Ella detestaba eso.
El último cliente abandonó el establecimiento, Laura entro; de forma maquinal dijo lo que quería. La tendera colocó los productos en el mostrador. La mujer pagó, recogió la mercancia y volvió a salir a la calle. Esta vez con camino de vuelta. No le apetecía meterse en casa pero la policía patrullaba por las calles; corría el riesgo de que en el mejor de los casos le llamasen la atención, o le pusiesen una multa. Laura echó a andar mentalizada a pasar las horas sola entre cuatro paredes, confiando en que las tareas de la casa la ayudasen a acortar el tiempo. Iba organizándose de manera mental cuando de lejos vió una figura familiar. Era la misma perra que había visto los dias anteriores en busca de comida entre los basureros. Parecía amistosa pues la había llamado y se había acercado a ella aunque, eso si, manteniendo una pequeña distancia. Ahora la actitud era la misma. La perra sacudía la cola mientras sus ojos estaban fijos en la barra de pan. Laura comprendió y partió un trozo con la mano
-Toma le dijo riendo
La perra se acercó: con sumo cuidado cogió el pedazo de pan con la boca y empezó a masticarlo. Mientras la veía comer, una idea fue tomando forma en su cabeza . Desde que faltaba su padre la casa se había hecho grande. Tan grande como para que cupiesen una persona y su mascota. La mujer volvió a tentarla con otro trozo de pan, pero la perra alzó las orejas en señal de atención y empezó a alejarse. Laura guardó la barra de nuevo en la bolsa y siguió su camino. Esa misma tarde, cuando estaba delante del ordenador, le llegaron a la memoria unas palabras de su abuela. Ella acostumbraba a decir que el amor siempre venía por el estómago. Laura volvió a recordar la escena de la mañana y una luz iluminó su cerebro.
Ya lo tengo. Ya sé que hacer pensó.
Al dia siguiente lo primero que hizo, fue ir a una tienda de productos veterinarios y comprar unas golosinas para perro. Luego una vez terminados los recados esperó unos minutos a que la perra apareciese. Elsa, como Laura la había bautizado, no tardó en llegar. La mujer la llamó, la perra detuvo su paso agitando la cola en señal de saludo. Entonces la joven sacó la bolsa de golosinas y le tendió una a la perra. Elsa se acercó y se la comió de un bocado. Después en vez de continuar su camino, se sentó levantando una de las patas delanteras, Laura comprendió.
-Si ya sé que con una no tienes ni para empezar, toma otra
Cuando la bolsa estaba casi terminada, Elsa frotó el morro contra la mano de Laura y se fue.
-Paciencia se dijo Si hago asi todos los días me ganaré su confianza.
Al cabo de un tiempo Elsa ya respondía por ese nombre y ofrecía su cabeza para que Laura la acariciara. Temerosa de forzar la situación la mujer continuó unos días más hasta que pasada una semana le dijo “Elsa vamos”. La perra la siguió con toda naturalidad. Cuando llegaron al portal, Elsa hizo afan de dar media vuelta para marcharse, Laura le dijo
-Anda, Elsa, pasa
El animal no se hizo de rogar. Se coló por el resquicio de la puerta y empezó a olfatear todos los rincones. Terminada la inspección fijó la mirada en Laura como si quisiese interrogarla. La mujer extendió la mano y le acarició la cabeza
-Bueno amiguita. Ahora conmigo a casa a tomar un baño y mañana nos vamos al veterinario.

Rayas negras

Rayas negras
atravesando el azul
que está por encima
de nuestras cabezas.
En un momento la luz
deja de reflejarse
en nuestros ojos.
No sé con que palabras
plasmar ese pozo
negro, hondo
que se abre
bajo mis pasos.
Desde el estómago
hasta el corazón,
una corriente oscura
corre erosionando
los sueños. En un instante
los jardines quedan
reducidos a cenizas.
Su amargor atraviesa
el olfato e invade
cada papila de mi lengua.
Quiero correr, saltar…
pero el espacio se reduce
haciéndose cada vez
más pequeño.
El mar ha huido
de mi memoria
Cuando bajo los párpados
su murmullo se mezcla
con infinitas interferencias.
Camino ensordecida,
desafiando las grietas.
Tendré cuidado de no caerme.

CON LOS NERVIOS DE PUNTA

Los pájaros levantaron el vuelo. Él los contempló con tristeza; desde que habían decretado el confinamiento, veía pasar la vida a través de la ventana de su minúsculo apartamento. En ese momento por su cabeza comenzaron a pasar miles de recuerdos: viajes, amigos… Todo aquello que estaba prohibido por culpa de aquella situación de encierro. Con los nervios de punta cogió el teléfono, pero volvió a dejarlo sobre la horquilla. Eran las diez y consideraba que esas no eran horas para llamar a nadie. De forma instintiva cogió la pluma; hacía días que sentía el peso de una deuda pendiente. Sin pensarlo cogió un folio y comenzó a escribir. Una a una fueron saliendo las palabras. A medida que el cálamo se deslizaba por el papel, él iba sintiendo alivio. Mañana llevaría la carta al correo. Solo quedaba esperar que aquellas líneas lo ayudaran a reconciliarse con su padre.