En tierra de nadie

Estoy en tierra de nadie.
Hablo con muchos
pero no encuentro donde ubicarme
Quiero,,, ¿Qué es lo que deseo?
Busco y la meta se diluye
ante mis ojos. Espero
no acabar rodando
igual que una semilla
zarandeada por el viento
en primavera

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EL LIMBO

Deseó morirse cuando vio la nota. La oposición no había salido como ella quería. Adiós proyectos ¿Qué le iba a decir a José Manuel? Los dos habían esperado mucho de aquel examen: una seguridad y la ocasión de hacer una vida juntos, fundar una famila ¿Y ahora? Solo le quedaba la frustración, el cansancio acumulado por las horas de estudio, unidas a los nervios de los últimos días.
Todo para nada.
La única opción que quedaba era la de esperar enganchada al limbo otra vez. Con desgana cogió el teléfono y marcó el número de su novio para darle la noticia. Este, en vez de mostrarse comprensivo, la llenó de reproches. Ella al principio sintió una desazón, que poco a poco, se fue transformando en rabia; antes de que pudiera darse cuenta, la replica llegó rápida a su boca.
– Oye, no soy yo sola la que tiene que contribuir ¿Qué me dices de la asignatura que te falta para acabar?
Y antes de que el muchacho pudiera responder colgó el teléfono. Entonces la adrenalina dio paso a una sensación de alivio que le permitió relativizar su situación. Ya habría otro oportunidad. Era cuestión de planificarlo todo mejor.

Que seas feliz

El cielo estaba blanquecino, con unos matices de óxido, señal de frío y de viento del sur. El hombre levantó la cabeza y suspiró. El invierno se hacía largo, pero con su situación daba lo mismo. Daniel López Tuñón llevaba encerrado años en el mismo edificio. Se había saltado la ley; tenía que pagar su deuda. Lo sabía, sin embargo la necesidad de libertad venía con el aire frío que se colaba a través de la ventana. La llamada del guardián anunciándole que tenía visita, lo sacó de su ensimismamento. Daniel enarcó las cejas Hacía tiempo que nacie venía a verlo. Con indifierencia se levantó y siguió al funcionario hasta la sala de visitas. Ahí se encontró con una mujer joven, de unos veinte años. Tras un examen rápido comprobó que era bien parecida de pelo oscuro y ojos claros. Por un momente se le pasó por la mente la idea de si fuese más joven… pero la rechazó con una leve agitación de cabeza ¿Quién podría ser ? La curiosidad dejó atrás a la lujuria. Aceleró el paso y se acercó a la mesa donde se encontraba la joven
-Hola papá
Estas palabras conmovieron su interior, el preso tuvo que apoyarse contra la silla para no dar un traspies
-¿Sonia?
La útlima vez que la había visto era una niña de unos cinco años, ahora se encontraba delante de una desconocida. El hombre se la quedó mirando sin poder articular una palabra. La chica dijo
-¿No vas a decir nada?
Daniel tragó saliva antes de hablar
-Como has crecido ¿Qué quieres?
-Sabes que mamá no nos dejaba acercarnos para verte. Ahora soy mayor de edad y vengo a decirte que voy a casarme.
El padre se estremeció. Las imágenes de una niña en sus brazos, jugando, curzaron por su cabeza a velocidad de vértigo ¿En qué se había ido su vida? ¿Qué le podía decir a esa mujer que venía anunciarle su enlace?
-¿Es buen chico? Vaya una pregunta, no tengo derecho a hacerla. Soy su padre técnicamente, nada más, pensó, pero no se me ocurre otra cosa que decir
La muchacha lo miró con ironía antes de contestar
-Si, se llama Nicolas. Tengo una foto. Mira, es éste
Daniel cogió la fotografía. En ella aparecía un muchacho rubio de ojos grises, que

miraba de frente a la cámara. El recluso le echó un vistazo largo
-Parece bueno, sentenció. Me alegro por tí
-Gracias. La joven recogió la instantánea y la guardó en su bolso. Javier la observó. Por un momento quiso añadir algo más, pero no le venían las palabras. Padre e hija se miraron en silencio hasta que el guardia volvió con el aviso del final de la visita. El preso se levantó y se dispuso a volver a su celda, pero antes se giró y le dijo a su hija
-Que seas muy feliz.

Falsa esperanza

No hay que abusar
del punto y seguido;
siempre hay un renglón
que saltar.
El día está lleno
de ranas que dan saltos
mortales, mientras del cielo
cuelgan nubes de algodón
de viento y un sol
todavía pálido
promete la llegada
de la primavera
¡Falsa esperanza!
Un engaño envuelto
en papel de seda:
Todavía no hay golondrinas
cruzando el firmamento.

EL EXAMEN

El examen parecía dificil, el alumno agachó la cabeza en un intento de concentrarse, era inútil, su mente estaba en blanco. El tiempo pasaba. Los números corrían en la pantalla del móvil. En un momento de desesperación pensó: “Ojalá no estuviera aquí”. De pronto el aula se diluyó. En su lugar apareció un paisaje desconocido para él. Se trataba de un bosque poblado de árboles de hoja perenne. Por los olores el chico dedujo que debía de ser primavera. Desconcertado por este descubrimiento, echó a andar. Al cabo de un tiempo, los árboles dieron paso a las praderas hasta que por fin encontró un lugar habitado por el hombre. Por su tamaño parecía una ciudad formaba por cúpulas. Lleno de curiosidad intentó acercarse, pero algo se lo impedía. En pocos segundos la clase volvió a aparecer ante sus ojos, pero esta vez él se encontraba viéndola desde el suelo, rodeado por sus compañeros. El profesor en cuclillas lo observaba con alivio, mezclado con unas gotas de preocupación.
– Menos mal que recuperas el sentido. Menudo sustos nos has dado. Te has tenido que dar un buen golpe en la cabeza ¿Te duele?
El muchacho cerró los ojos
– Si, ahí atrás, dijo señalando por detrás de su cráneo
– ¿Estás mareado?
El chico negó
-No. Puedo seguir.
El profesor consideró a su pupilo durante unos segundos. El chaval parecía estar bien. No estaba pálido ni desorientado
-Está bien arriba, y que sea la última vez que vienes a un examen sin desayunar.